Artículo completo sobre Canelas y Espiunca: teatro y fósiles en el Paiva
Primer documento teatral de Portugal, mosaicos romanos y trilobites gigantes en Arouca
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El granito del pelourinho manuelino está tibio al tacto, aún guarda el calor de la tarde, mientras en la plaza de Canelas la campana de la iglesia parroquial marca las seis. Al fondo, el Paiva serpentea entre los estrechos de cuarcita, invisible pero audible, un murmullo constante que sube del valle. Hay algo inusual en esta parroquia: la sensación de que el teatro y la geología comparten el mismo escenario desde hace casi mil años.
Donde el teatro portugués encontró voz
En 1193, el rey don Sancho I entregó una propiedad en Canelas a los juglares Bonamis y Acompaniado como pago por una obra representada en la corte. La carta es el primer documento que menciona el teatro en Portugal —decadas antes que Gil Vicente—. Canelas llegó a tener foral y cárcel propias hasta 1853, y conserva en su trazado urbano las ruinas del antiguo hospital, casas blasonadas como la Casa do Covelo y vestigios del palacio donde vivió el General Francisco da Silveira, Conde de Amarante, que aquí preparó la reconquista de Chaves. El pelourinho atestigua ese estatus perdido, mientras que en Espiunca, más rural, la Capilla de Santo António guarda la memoria de las antiguas romerías al río.
Mosaicos romanos y trilobites
La Estación Arqueológica de Fonte do Milho alberga un mosaico romano policromo —el único fuera de Conimbriga—. Las teselas aún dibujan patrones geométricos, aunque la cal de los muros se deshace bajo el sol. En la Cantera do Valério se hallaron los trilobites más grandes del mundo, con 465 millones de años. En el Centro de Interpretación de Canelas, los fósiles caben en la palma de la mano como esculturas de piedra. Los Pasadiços do Paiva atraviesan 8 km entre Espiunca y Vau, pasarelas de madera donde se observan gneises plegados y huellas impresas en la roca.
Embutidos, cabrito y dulces conventuales
La cocina se hace con lo que da la sierra: Carne Arouquesa DOP, Cabrito da Gralheira IGP y miel de las Terras Altas. En los fogones de leña humea el cocido con chorizo y morcilla casera, la chanfana en cazuela de barro y el bacalao al horno. En las fiestas de la Reina Santa Mafalda, la Señora da Laje y Nuestra Señora da Mó —entre mayo y agosto— aún se «manda el buey», ofrenda de animales a los santos. De postre, toucinho-do-céu y bilhóres fritos. En Semana Santa, el «Enterro do Bacalhau» transcurre con máscaras de papel, y en Navidad se canta el «Auto dos Reis».
Playas fluviales
Las playas de Espiunca y Vau tienen un agua tan fría que duele en los pies, pero tan limpia que se ven los cagarrones en el fondo. En verano, el Paiva sirve para bajar en rafting o simplemente para mojarse los tobillos. Al final del día, en la terraza junto al río, las aviones roqueras gorjean en las grietas de la cuarcita. Canelas y Espiunca tienen 1064 habitantes repartidos por 3572 hectáreas —gente suficiente para que el silencio solo se rompa con el viento en las fragas y la campana lejana—.