Artículo completo sobre Pedorido: el Duero que susurra entre viñedos
Entre espigueiros y neblina, un rincón de Castelo de Paiva donde el río escribe la historia
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El olor a leña quemada se mezcla con el aroma húmedo del río al amanecer. Pedorido despierta despacio, entre el murmullo del Duero y el canto de los gallos que resuenan en las quintas esparcidas por las laderas. La niebla se levanta de las aguas, revelando viñedos dispuestos en bancales que descienden hasta la orilla, donde las barcas de madera se balancean amarradas al embarcadero de piedra. Aquí, a 186 metros de altitud, el río marca el ritmo —siempre lo ha hecho.
El nombre de la parroquia aparece en 1112 en el Libro Negro de la Catedral de Coimbra como "Pederide", derivado del latín pede-ride, "pie del arroyo". La proximidad al agua lo ha marcado todo: la economía, la arquitectura, hasta la forma en que sus gentes hablan del lugar. Durante siglos, Pedorido sirvió de entreposto entre el litoral y el interior, aprovechando la navegación fluvial para intercambiar vino, aceite y cereales. Romanos y visigodos pasaron por aquí: las excavaciones para el Puente de Pedorido, inaugurado en 1880, revelaron monedas de Constantino II (siglo IV) y una fíbula visigoda de bronce.
Piedra, talla y memoria
La iglesia parroquial, construida en 1544 y dedicada a San Juan Bautista, ocupa el centro de la parroquia como siempre ha hecho. La fachada combina trazos manuelinos con el oro exuberante del barroco en el interior —altar en talla dorada que atrapa la luz de las velas durante las misas. El retablo principal, atribuido al escultor José de Santo António Ferreira (1720-1798), representa la vida del Precursor en diez paneles. Más discreta, la Capilla de San Sebastián, mandada construir por iniciativa popular durante la peste de 1599, se alza en granito gris. El Solar de los Carvalhos, casa señorial del siglo XVIII, mantiene los jardines históricos donde D. José de Carvalho y Melo, primer presidente del ayuntamiento de Castelo de Paiva (1836-1839), recibía visitas.
Pero el verdadero patrimonio se extiende por los campos: los 47 espigueiros de madera agrietada por el tiempo, concentrados sobre todo en la Quinta do Outeiro y en la Encosta do Viso, constituyen una de las mayores concentraciones del municipio. Se alzan sobre pilares de granito "en melocotonero", protegidos de la humedad y de los roedores, testigos mudos de una economía que se medía en almudes de maíz.
Hogueras, castañas y anguilas del río
El 24 de junio, Pedorido se incendia. La Fiesta de San Juan transforma las calles: 37 hogueras encendidas (una por cada lugar), procesiones que serpentean entre casas de piedra, los Bombos de Pedorido que se hacen oír desde las 4 de la madrugada. El "Cortejo dos Mastrinhos" —niños con mástiles de 3 metros decorados con flores de papel— recorre las calles desde 1923. En septiembre, la Romería de Nuestra Señora de la Salud atrae peregrinos que suben hasta el santuario, seguidos por una feria donde se venden alheiras de Mangualde, miel de las Tierras Altas del Miño con DOP, castañas asadas en el cazo de cobre. Octubre celebra la castaña con licores, dulces y las "Cantigas ao Desafio" que ocupan la plaza hasta que el frío aprieta.
En la mesa, la caldeirada de anguilas del Duero es el plato que resume la parroquia: anguila pescada en el pesquero del Castelo, cocinada con pan de maíz, tomate, cebolla y hierbas. El cabrito asado a la manera de Pedorido, adobado con ajo, laurel y vino blanco, aparece en las fiestas de familia —la receta de María "la Tía" circula desde hace cuatro generaciones. Los rojões a la antigua, con colorau del Espíritu Santo y cominos, acompañan la broa de maíz y centeno aún caliente. El tocino-de-cielo y los biscoitos de oreja endulzan las tardes, siempre regadas con el vino Verde de la Quinta do Outeiro —blanco, ligero, con 11% de alcohol y la acidez que corta la grasa del cerdo.
Caminos entre viñas y espigueiros
La Ruta de los Vinos Verdes atraviesa Pedorido en cinco kilómetros de caminos de tierra batida, flanqueados por vides que suben en parras. El Centro de Interpretación de la Viña y el Vino, instalado en la antigua cooperativa vinícola de 1958, abre sus puertas para catas guiadas, donde António José Costa, enólogo local, explica las técnicas que le valieron el premio "Vino Verde Alvarinho 2022". En el embarcadero, las barcas de Miguel "el Barquero" parten río arriba, parándose en las playas fluviales de Aregos y Santa Cruz. La Sierra de Arouca se dibuja al fondo, prometiendo senderos más exigentes para quien busca altitud y silencio.
Al final de la tarde, cuando la luz rasante dora los bancales y el Duero refleja el cielo sin una arruga, se oye la campana de la iglesia que llama a la misa de las 19h. Las hogueras de San Juan ya se han enfriado, pero el olor a ceniza persiste en las piedras de la plaza, como una promesa que se renueva cada año.