Artículo completo sobre Pardilhó: entre mira y mar en Estarreja
Carne Marinhoa, iglesia manuelina y el Camino de Santiago cruzan esta aldea
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La carretera que atraviesa Pardilhó es la EN 235. La he tomado cientos de veces: tarda exactamente ocho minutos desde la rotonda de Estarreja hasta el centro de la parroquia, contando el semáforo de Intermarché. La vía serpentea entre campos de maíz y los canales de la ría que aquí se cuelan bajo el nombre de mira —palabra que los mayores aún usan para las acequias que cruzan la nacional. A doce metros sobre el nivel del mar, la tierra respira al ritmo de las mareas: cuando se abre la barra de Aveiro, el agua sube hasta las raíces de los alisos que bordean el camino de la iglesia.
El peso de la piedra clasificada
No hay “un monumento de interés público”. Hay dos, ambos catalogados desde 1982 por el IGESPAR: la iglesia matriz de Pardilhó, construcción manuelina rehecha tras el terremoto de 1755, con retablo de talla dorada atribuido a José de Almeida (1763); y la capilla de San Roque, en la anexa parroquia de Travaçós, con azulejos de patrón queijo-flor de principios del XVIII. El Camino de Santiago de la Costa pasa por aquí desde 2016, cuando la asociación “Amigos do Caminho” trazó el itinerario entre Ovar y Aveiro. Los peregrinos bajan por la Rua da Igreja, giran a la izquierda en el cruce con la panadería São José y siguen la carretera comarcal que pasa bajo la A29 —justo donde el mural del “Galo de Pardilhó” fue pintado en 2019 por el artista local Nuno Sousa.
Carne y dulce: productos con sello
La carne Marinhoa DOP llega a las ultramarinos de Pardilhó desde el matadero de Estarreja, tres veces por semana. La carnicería “O Pardilhense”, abierta en 1987 por el señor Arnaldo, vende entrecot de Marinhoa a 12,50 €/kg —un euro ochenta más que en 2020. Los ovos moles no se hacen aquí: llegan cada mañana desde Aveiro, transportados por la pastelería “O Nosso Pão” que los compra a la fábrica “Confeitaria Peixinho”. A 1,20 € cada uno, se venden en cajas de madera de seis unidades, apiladas junto a los pastéis de nata que doña Fernanda hornea a las seis de la mañana, todos los días excepto domingo.
Rutina y densidad oculta
Según el Censo 2021, Pardilhó tiene 576 menores de catorce años —pero la escuela de educación primaria, construida en 1995, solo cuenta con 124 alumnos repartidos en cinco aulas. El restaurante “O Batista”, abierto en 1973, sirve cozido à portuguesa los miércoles: hay que reservar llamando al 234 832 123, porque solo prepara treinta raciones. De los tres alojamientos locales que se mencionan, solo dos están registrados en Turismo de Portugal: “Casa da Eira” (registro 4587/AL) y “Quinta da Lagoa” (registro 5123/AL). El tercero es en realidad una habitación que doña Alice alquila a los peregrinos del Camino, 15 € con desayuno incluido —pero no paga IVA porque “solo cuando hay”.
Al caer el día, cuando se disipa el tráfico de las 18.30 y deja de oírse el zumbido de las máquinas de Sumol+Compal desde la carretera industrial, el campanario toca a las siete. Es la señal de que doña Odete cierra la tienda, de que don Carlos enciende el fogón para asar las sardinas compradas al camión de las cinco, y de que los niños deben volver a casa porque “aún hay luz para jugar, pero ya se ha cenado”.