Artículo completo sobre Aldeia dos Fernandes: la aldea que nació en 1985
Un pueblo minero del Alentejo donde la fiesta dura hasta que la plaza huele a cerveza
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La última en cartularse
Aldeia dos Fernandes no existía como entidad hasta 1985. Antes era un simple caserío de labradores sin iglesia románica ni fortaleza que lo avalara; solo casas blancas encaladas al borde del camino que lleva a Almodôvar. El apellido Fernandes, que se asentó aquí en el siglo XVI, dio nombre al lugar. Durante generaciones, el reloj fue el ciclo de la siega y el sonido, el de las rejas arreando el ganado.
A 18 km de las minas de Neves Corvo, muchos vecinos dejaron la azada por el turno subterráneo. Vuelven al anochecer con la greda de 400 m de profundidad pegada a las botas y, al día siguiente, vuelven a medir su vida entre el montado de alcornoques y la sirena de la mina.
Capital del baile
El tercer fin de semana de agosto la Festa de Verão pone altavoces en cada esquina. No es folclore para visitantes: mesas de formica bajo el cielo, sardinas humeantes y orquestas que tochan ritmos de los 80 hasta que la plaza huele a cerveza y madrugada. El resto del año el pueblo recupera su silencio de 515 almas.
En el único bar aberto los 365 días sirven Borrego do Baixo Alentejo IGP guisado con patatas y un Serpa DOP curado en cueva. Denominaciones de origen que se desmigajan entre camareros que conocen la vida de cada cliente.
Caminos de tierra y urnas llenas
En las tres últimas municipales superaron el 72 % de participación. Cuando todos se llaman por nombre, la política deja de ser un debate televisivo y se convierte en quién arregla la bomba del agua o cuándo asfaltarán la carretera de la escuela.
Los senderos que parten hacia el sur no tienen postes indicadores; bastan las huellas de jabalís y el trillo centenario. Se recorren andando o en BTT por un paisaje que pasa del verde botella de invierno al oro seco del verano sin pedir permiso.