Artículo completo sobre Bicos, el Alentejo que huele a patata y mar sin verlo
Pueblo agrícola entre olivos y viñas donde nacen la patata IGP y el queso Serpa
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El polvo de la carretera se posa lentamente sobre los olivos bajos. Más allá, el mar no se ve, pero se intuye en la luz —una claridad atlántica que baña el interior alentejano con una suavidad extraña, como si la sal del aire llegara hasta aquí por los valles encajonados. Bicos se alza discreto sobre una ondulación del terreno a poco más de sesenta metros de altitud, entre campos donde la patata crece en surcos paralelos y el cordero pasta bajo el sol invernal.
Tierra de manos ocupadas
Cinco mil hectáreas dentro del Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina. Aquí se produce la Patata de Aljezur IGP, tubérculo que nace en arenas y gana dulzor con el sol prolongado del litoral alentejano. En los montes dispersos, el Cordero del Bajo Alentejo IGP se alimenta de hierbas aromáticas. En las bodegas, el Queso Serpa DOP madura con flor de cardo.
El ritmo propio del interior
Cuatro casas para alojar visitantes. Carreteras estrechas pero transitables. No hay senderos señalados ni miradores. Las viñas se alinean en las laderas, los muros de piedra seca delimitan propiedades. El humo de los hornos de leña sube en las mañanas frías.
Cocina que sabe a lugar
Patata asada en el horno. Cordero estofado con patata y cilantro en fuentes de barro. Queso serpa en lonchas gruesas con pan alentejano y aceitunas adobadas. Platos sin folclore: solo productos locales cocinados como se hace en casa.
Naturaleza protegida, vivida
Las riberas se secan en verano y vuelven en invierno. Esteva, aroeira, alcornoque resisten al viento del océano. Se cruzan tractores, se oyen perros, huele a tierra removida. El territorio es trabajado, habitado, real.
La campana de la iglesia toca al mediodía. El sonido atraviesa los campos, alcanza los montes donde el ganado rumia. Después, el silencio vuelve.