Artículo completo sobre Milhazes, Vilar de Figos y Faria: ruinas y viñedos en Barcel
Entre el castillo de Faria y la ermita de la Franqueira, tres aldeas verdes del Cávado
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El granito gris de las ruinas se alza contra el cielo, surcado por el viento que suba del valle del Cávado. En la cima del monte, la ermita de Nuestra Señora de la Franqueira parece vigilar kilómetros de viñedos y tierra de labor, mientras la campana de la iglesia parroquial marca las horas abajo. Aquí, donde viven 1 993 personas en 1 213 hectáreas de paisaje ondulado, tres aldeas antiguas —Milhaces, Vilar de Figos y Faria— comparten desde 2013 el mismo territorio administrativo, aunque cada una guarda sus propias memorias.
La leyenda grabada en la piedra
Las ruinas del Castillo de Faria cuentan una historia que los mayores aún repiten: en 1373, Nuno Gonçalves, alcaide de la fortaleza, habría sacrificado su vida para defender la construcción medieval de un ataque castellano. La verdad histórica se pierde entre la leyenda y los vestigios de un castro que existió mucho antes: marcas de la Edad del Bronce grabadas en el suelo, capas de ocupación romana, sueva, visigoda y árabe que el siglo XI devolvió al dominio cristiano. Hoy quedan muros de piedra erosionados por el tiempo y el viento, pero la posición estratégica del monte explica por qué esta elevación de 76 metros sirvió de atalaya durante siglos.
El trovador y el vino verde
Milhaces reivindica a un hijo ilustre: João Garcia de Guilhade, trovador del siglo XIII que compuso versos cuando las cantigas de amigo y de amor circulaban por las cortes peninsulares. La conexión medieval con la cultura no impidió que la parroquia se convirtiera en tierra de labranza y vino. Integrada en la Región Demarcada de los Vinos Verdes, el paisaje alterna entre parras y campos cultivados, donde la densidad de 164 habitantes por kilómetro cuadrado permite que 254 jóvenes y 416 mayores compartan el ritmo agrícola de las estaciones. Los tres alojamientos disponibles —apartamento y casas— acogen sobre todo caminantes del Camino Central Portugués de Santiago, que atraviesa esta unión de parroquias señalada por hitos de piedra con distancias grabadas.
Doce kilómetros de memoria ambiental
La ruta del Monte de la Franqueira traza un recorrido de dificultad media a lo largo de 12 kilómetros, atravesando Carvalhal, Pereira, Gilmonde y esta unión de parroquias. La subida revela miradores naturales sobre el valle del Cávado y la línea costera en la lejanía, mientras el descenso pasa junto a la iglesia parroquial de São Paio de Carvalhal —patrón de Vilar de Figos, parroquia de 4,83 kilómetros cuadrados que completa el mosaico territorial. El recorrido combina patrimonio arqueológico con paisaje rural: muros de piedra seca, caminos de tierra batida, el olor a tierra mojada tras la lluvia, el silencio denso de la mañana roto solo por el canto de los pájaros.
Romería y cruces
La Fiesta de las Cruces marca el calendario festivo, mientras la romería anual a la ermita de Nuestra Señora de la Franqueira reúne a devotos que suben el monte en procesión. El Grupo Folclórico de la Casa del Pueblo de Martim mantiene viva la tradición cultural, con trajes y cantos que resuenan en las fiestas de verano. En el Campo de Juego de Milhaces, propiedad de la Asociación Deportiva local, el fútbol dominical une generaciones en torno a un ritual más profano pero igualmente arraigado.
Al atardecer, cuando la luz rasante dora el valle y las sombras se alargan sobre las ruinas del castillo, el viento transporta el sonido lejano de una campana y el aroma ligero de las viñas. El apellido Faria, que remonta a la época de D. Afonso Henriques y se extendió por Portugal y el mundo, empezó aquí —en una aldea que perdió la autonomía administrativa pero no la memoria grabada en la piedra ni en los apellidos que aún resuenan en las calles estrechas.