Artículo completo sobre Atães y Rendufe: valle entre dos puentes medievales
Entre viñedos de Loureiro, el granito de Atães y Rendufe guarda puentes, hornos de broas y jabalíes
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El granito del Puente de Atães retiene la humedad incluso después de que el sol caliente los viñedos. Su arco medieval salva el río Ave desde hace ocho siglos. En verano, el agua baja y deja al descubierto piedras donde las lavanderas golpeaban la ropa hasta los años setenta.
Dos puentes, una misma historia
Atães y Rendufe se unieron administrativamente en 2013, pero comparten el valle desde siempre. Las tropas napoleónicas pasaron por aquí en 1809, enfrentándose a los vecinos en las laderas. El Puente de Rendufe está a diez minutos a pie del de Atães —de ahí el apodo local «tierra de los dos puentes».
Rendufe tiene la iglesia reconstruida en 1754 sobre cimientos románicos. El retablo barroco en talla dorada refleja la luz de la tarde. En Atães, la Capilla de São Paio guarda pinturas murales del siglo XVIII. La imagen de San Antonio tiene barba de madera que, juran los lugareños, crece: culpan a la humedad.
Sendero de piedra
La Ruta de los Puentes une las dos aldeas en ocho kilómetros. Pasa por tres molinos abandonados —uno rehabilitado como museo, con molienda los sábados a las 10:30. El sendero sigue la levada de São Torcato, entre viñedos de Loureiro y Arinto. Los jabalíes frecuentan los robledales al anochecer.
Qué se come
Pinchitos de carne Barrosã en la Adega Regional de Rendufe: 14 €, sirven para dos. Las broas de maíz de Atães salen del horno de la panadería central a las 7:00 y a las 16:00 —se acaban enseguida. Toucinho-do-céu en la pastelería O Cardoso: 1,20 € la unidad.
La Romaría Grande de septiembre trae conjuntos folclóricos y desfile a caballo. El Entierro del Bacalao en Carnaval mantiene la tradición desde 1923 —las máscaras satirizan a los políticos locales.
Rojo de 1974
El 25 de abril pintaron las cruces de mayo de rojo en las celebraciones de la Revolución. Las fotos amarillentas aún decoran el Café Central de Atães.
El parque ribereño de São Torcato tiene prismáticos para observar aves acuáticas. Abre al amanecer: llega pronto para ver garzas y mirlos de agua antes de que se levante la niebla.