Artículo completo sobre Corvite: donde las campanas marcan la vida
Pueblo entre Guimarães y los valles verdes con fiestas, vino y tradición
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El repique de las campanas — ocho, si se escuchan bien — marca las ocho y media y llega al bar de Júlio antes de que levante la persiana. En Corvite el tiempo se mide aún por los toques: cuando suena el mediodía, María baja la tapa del mostrador y se va a comer. Son novecientos sesenta y nueve vecinos repartidos en una docena de calles que no dan dos vuales iguales; si se despista, pregunte al primero que vea — aquí no hay desconocidos.
Entre Guimarães y el verde de los valles
Siete minutos en coche hasta el parque de Toural, pero nadie habla de kilómetros; se cuentan curvas. El que quiere ciudad sale temprano; el que busca silencio vuelve para cenar. Las casas no se amontonan, se extienden como quien corre a buscar el sol: algunas se asoman al atrio, otras se esconden al fondo de los corrales donde aún se cultiva la vid en “ramaje”: la cepa trepa por el tendedero y deja el suelo libre para el maíz o el judión. Densidad: 422 hab/km², reza la ficha, pero lo cierto es que 422 son muchos para cuatro bares y pocos para una procesión.
La tierra y lo que da
La vendimia es en septiembre, después de la romería de São Torcato. Las uvas son verdes, el vino también, y el aroma del mosto se queda en las manos dos días. ¿Quiere probar la carne Barrosã? Asome al restaurante de doña Rosa; los viernes sirve “posta” — pida medio kilo para dos y no se fije en la carta, el arroz con alubias viene de regalo. Si pasea por los cortijos al amanecer, quizá vea a José conduciendo las vacas; salúdelo, hasta le invitará a un copa, pero discúlpese con educación: falta aún ordenar.
Fiesta y devoción
Hay dos fechas que llenan el atrio: el 14 de agosto, la Romería de São Torcato — procesión, banda al frente, casetas de tómbola y un fuego artificial que la gente contempla desde el cementerio porque allí arriba no hay que pagar entrada — y las Cruces de Serzedelo, justo después. Entre medias, comuniones, cumpleaños en la casa de festas y el baile de la asociación que acaba cuando al panadero se le ocurre recordar que a las cinco ya hay pan caliente.
Dónde dormir tras un día de polvo en los zapatos
Corvite ofrece tres casas para quien prefiere no despertarse con la descarga del hotel de cinco estrellas. Son apartamentos y adosados con cocina, lavadora y un vecino que le cuida la huerta si riega las coles. Reserve con antelación: cuando hay romería, se llenan en un santiamén. Lleve pantufas: el suelo de piedra está frío, incluso en agosto.