Artículo completo sobre Costa: donde los caballos cruzan el puente medieval
En esta parroquia de Guimarães suenan campanas y relinchan los caballos en mayo
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El granito está tibio bajo la palma. El puente —de arcadas anchas, pretil bajo, musgo en las juntas— se tiende sobre el Ave. Abajo, el agua baja turbia en invierno, verde esmeralda en mayo. Por aquí se entra en Costa, parroquia de Guimarães, a 420 metros de altitud. No hay portones ni rótulos. Hay el sonido del agua, el olor a tierra húmeda mezclado con leña de roble, y una carretera estrecha que sube entre muros de piedra cubiertos de líquenes.
Piedra sobre piedra, siglo sobre siglo
El Puente de Costa —o Puente de São Torcato— es medieval, reconstruido en el XVIII tras las crecidas. Durante siglos fue paso obligado de una rama del Camino de Santiago. Las flechas amarillas de los peregrinos aún apuntan hacia Caldas das Taipas. Tras cruzar aparece la iglesia parroquial de São Torcato, del XVI, con retablo manierista y talla dorada. Más allá, la capilla de São Sebastião guarda una imagen de San Roque traída por peregrinos de regreso de Roma. En enero se celebra misa cantada, se enciende hoguera y se bendicen los animales.
La aldea de las cruces y el primer domingo de mayo
Costa vive dos momentos de intensidad colectiva. La Romería Grande de São Torcato, el primer domingo de mayo, atrae a miles de fieles. Es de las pocas romerías donde se bendicen caballos: los animales, peinados y adornados con cintas, avanzan entre la multitud. Dos semanas después, Serzedelo levanta sus cruces de madera pintada el tercer domingo de mayo. La verbena trae música popular, humo de asados y el murmullo de una comunidad que se reconoce en estos gestos repetidos.
Sangre, broa y vino que pica en la lengua
La mesa de Costa es minhota. La ternera asada —Carne Barrosã DOP, adobada con ajo, laurel y vino blanco— huele a horno de leña. Las papas de sarrabulho, espesas con sangre de cerdo, se comen con broa caliente. Los rojões à minhota se acompañan de arroz de sarrabulho y patatas fritas. Para cerrar, cavacas de Serzedelo o bizcocho de São Torcato. El vino verde blanco de Basto, hecho de loureiro y arinto, tiene esa aguja suave en la lengua.
Por los regatos de los molinos hasta el mirador
La Ruta de los Molinos recorre 4 km por los regatos que alimentaban molinos hidráulicos. Los vestigios aparecen como ruinas bajas, con las piedras de moler visibles entre la maleza. Al amanecer, garzas reales en la orilla. El recorrido se alarga hasta el Mirador del Monte de São Torcato, con vista sobre el valle del Ave. El Bosque de São Torcato, clasificado como Paisaje Protegido Local, ofrece sombra incluso en agosto: el aire huele a hoja en descomposición y tierra negra.
Una comunidad que se cuenta por las chimeneas
5396 habitantes en 2021. En 1864 eran 1204. La expansión urbana de Guimarães ha convertido Costa en dormitorio. Integrada formalmente en la unión de Caldas das Taipas desde 2013, conserva 911 jóvenes frente a 795 mayores —rareza en el Minho. El padre Joaquim Augusto Torcato da Costa fundó la primera escuela parroquial en el siglo XIX. Maria da Costa recopiló canciones en Lembranças de São Torcato. Fernando Pimenta entrenó en los ríos de esta ladera antes de partir hacia Ponte de Lima.
Al marchar, se oye la campana —un toque suelto— y, si es mayo, el resoplido lejano de un caballo que espera la bendición.