Artículo completo sobre Mesão Frio: niebla, cruz de claveles y arroz con sangre
A 320 m, entre el frío que bautizó la villa en 1258 y el aroma del sarrabulho
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La campana de la iglesia de Santa María de Mesão Frio dobla a las 7.30 h, cuando la niebla aún no deja ver la cima del Monte da Penha. A 320 m de altitud, el termómetro marca 5 °C en pleno abril: el frío que bautizó la parroquia en 1258, cuando el foral de Don Afonso III hablaba ya de la «villa de Meçam-Frio». Suben las primeras columnas de humo de las estufas de pellets que hace menos de una década sustituyeron a las chimeneas de olivo y roble.
Entre la cruz y la capilla
La iglesia matriz se reconstruyó en 1727, después de que la torre se derrumbara durante el terremoto de Lisboa de 1755; aún se lee en la piedra de arma «MDCCXXVII». El retablo mayor es de Manuel da Cunha, el mismo maestro que talló el altar de São Torcato en la ermita de 1694, en Serzedelo. La romería, el primer domingo de junio, reúne peregrinos de Vizela y Fafe que cumplen la promesa a pie, 14 km desde la capilla de Nuestra Señora de la Concepción de Briteiros. A la llegada, se reparten 600 macetas de albahaca pintadas a mano por la Asociación de Mujeres Rurales «Encosto do Monte».
La Fiesta de las Cruces nació en 1835, cuando el canónigo Jerónimo Soares mandó levantar tres cruces de granito para cumplir el voto hecho durante la cólera. Hoy, la cruz de 12 m se adorna con 80 000 claveles blancos recolectados en la quinta de los hermanos Costa, en Ucha. La misa al aire libre empieza a las 10.00 h, pero el horno de la panadería Silva se enciende a las 4.00 h para los 300 bizcochos genoveses que acompañan el caldo de nabo servido después de la procesión.
Carne, arroz y colorau
El arroz de sarrabulho lleva un 40 % de sangre de cerdo, proporción que el restaurante «O Tamanqueiro» mantiene desde 1963. La receta está escrita en la pared: 2 kg de entrecot de raza Barrosã, 1,5 l de sangre adobada con vinagre de albariño, pimienta de olor del huerto de doña Guida. La Carne Barrosã —gancho inscrito en la DOP desde 1996— se vende los viernes en el mercado de Guimarães, pero en Mesão Frio se compra directamente en el matadero de Zé Mário, detrás de la iglesia. El colorau que se usa en los rojões se muele en el molino hidráulico del Ave, parado desde 1954 pero recuperado por la asociación «A Aguieira».
En los dulces, el toucinho-do-céu lleva 12 yemas por molde de barro de Nossa Senhora do Porto, engrasado con manteca de cerdo criado en monte. La receta es de 1932, anotada por la hermana Dorotea, última clarisa del extinto convento de Santa Clara de Guimarães.
Caminos que suben despacio
El sendero PR1 «Entre Socalcos» fue señalizado por el ayuntamiento en 2018, pero quien sigue el camino de tierra roja entre el Pego y el Outeiro aún encuentra el mojón de granito «M.F. 1897», antiguo límite de la parroquia. Son 5,4 km, 220 m de desnivel, con vista al valle del Ave donde la Compañía de Caminos de Hierro abrió la línea del Tâmega en 1875 —el muelle de mercancías cerró en 1989, pero el edificio de la estación de Mesão Frio alberga hoy el Centro de Interpretación del Vinho Verde, inaugurado en 2022.
Al atardecer, la luz rasante golpea la fachada lateral de la iglesia a las 19.15 h, hora exacta en la que el sol desaparece tras el Monte da Franqueira. El olor a roble quemado llega desde la parrilla del club de cazadores «Monte Crasto», fundado en 1978, donde aún se guardan los libros de asistencia de los 28 socios que participaron en la batida al jabalí en 1983.