Vista aerea de Garfe
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Braga · CULTURA

Garfe: molinos, broa y la presa que lo parte todo

Garfe, en Póvoa de Lanhoso, esconde 28 molinos, embalse de garzas reales, broa caliente y un puente de 1903 que tiembla con la música ranchera.

983 hab.
217.7 m alt.

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Garfe, en Póvoa de Lanhoso, esconde 28 molinos, embalse de garzas reales, broa caliente y un puente de 1903 que tiembla con la música ranchera.

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La luz de la mañana se cuela oblicua por las rendijas de la puerta del molino. Dentro, la rueda dentada de madera huele aún a esa mezcla de pan quemado y jabón barato de nuestras abuelas. En el embalse de Garfe —que la gente sigue llamando «la presa» aun después de 66 años— una garza real despega como quien dice «voy y vuelvo», dejando círculos en el agua que parecen los anillos de humo de un cigarro cayendo. Son 5,44 km² donde caben 983 personas, veintiocho molinos y una cantidad de historias que no entra en Google Maps.

La parroquia que partió el territorio por la mitad

Garfe viene del galaico-portugués «cortar» —y eso es exactamente lo que hace la riachuelo: divide la aldea como quien parte una hogaza. El puente de piedra es nuestro minuto y medio de fama: construido en 1903, aguanta tractores desde entonces, pero tiembla cuando pasa el Toyota de José Manuel con el subwoofer bombeando música ranchera. La iglesia de San Cosme y Damián —los santos «médicos» que curaban gratis antes de la Seguridad Social— tiene un retablo dorado que los ingleses pagaban por ver, pero nosotros veíamos gratis en las misas de las 8 de los domingos, luchando contra el sueño.

La Ruta del Molino es lo que la gente de la ciudad llama «sendero de tierra batida» y aquí llamamos «carretera». Cuatro kilómetros que empiezan en la iglesia, pasan por el embalse donde Vasco se tiró vestido la noche de San Juan de 1997, y terminan en el molino de Penedo, donde el abuelo de Zeca aún molía maíz —hasta que le apodaron «el señor del molino», como quien dice «mira, viene el de las galletas».

Pan, cordero y la excusa para beber vino

El Centro de Interpretación del Pan es lo que el ayuntamiento llama «museo» y aquí llamamos «el sitio donde doña Amelia hace broa a las turistas». Los viernes, la muela gira y la harina cae como nieve de papel —pero caliente, que se te pega a las manos. La broa que sale del horno es de esas que partes con el cuchillo de mango negro, mata un hambre de lobo y justifica el vaso de vino que «ayuda a bajar». En O Molin —restaurante que Antonio abrió en el edificio donde estaba la tienda de la tía Rosa— sirven estofado de cordero que se cocina desde el viernes. La carne se deshace como excusa de marido infiel, y la salsa es de esas que hacen que el pan se remoje hasta dejar el plato más limpio que la conciencia de un cura el día de misa.

Danzas, troncos y la sopa que hacen los hombres

La Fiesta de San José es nuestra excusa para cargar troncos de romero y beber unas cañas —dicen que es tradición, pero el tronco pesa y la cerveza está fresca, haz tú la cuenta. El 19 de marzo, toda la aldea huele a fuego de barbacoa y a sopa de piedra —que no lleva piedra, es solo excusa para poner chorizo en danza. El domingo de Pascua, los Danzantes de los Hombres hacen lo mismo que hacían cuando el abuelo de José era un crío: hombres con camisa blanca tarareando como si estuvieran en el bar, pero con antorchas de romero que ponen nerviosa a la Guardia Civil.

María de la Concepción fue la última en hacer mantas en la máquina de su abuelo —decía que «la lana es como la vida, cuanto más la estiras, más se alarga». Murió en 2015, y se llevó con ella el secreto de cómo hacer una manta que aguante 40 años y tres generaciones de meadas de gato.

Cuando el molino cierra, el agua sigue ahí, royendo la piedra como la memoria roe la añoranza. La Casa de la Ribera —donde estaba el granero del señor Albano— ahora tiene wifi y cafetera Nespresso, pero las ventanas siguen dando al robledal donde José Manuel perdió la virginidad en 1983. La campana de la iglesia da las horas —no para recordarnos que son las 23:00, sino para decirnos que José ya debería haber llegado del bar. Y la muela, esa, nunca dejó de girar —solo cambió de harina: ahora son turistas en lugar de centeno.

Datos de interés

Distrito
Braga
Municipio
Póvoa de Lanhoso
DICOFRE
030913
Arquetipo
CULTURA
Tier
standard

Habitabilidad y Servicios

Datos clave para vivir o teletrabajar

2023
ConectividadFibra + 5G
TransporteTren a 11.5 km
SaludHospital en el municipio
Educación11 escuelas en el municipio
Vivienda~922 €/m² compra · 3.81 €/m² alquilerAsequible
Clima15.3°C media anual · 1697 mm/año

Fuentes: INE, ANACOM, SNS, DGEEC, IPMA

ADN del Pueblo

55
Romance
40
Familia
40
Fotogenia
55
Gastronomía
25
Naturaleza
25
Historia

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Preguntas frecuentes sobre Garfe

¿Dónde está Garfe?

Garfe es una feligresía del municipio de Póvoa de Lanhoso, distrito de Braga, Portugal. Coordenadas: 41.5363°N, -8.2421°W.

¿Cuántos habitantes tiene Garfe?

Garfe tiene 983 habitantes, según los datos del Censo.

¿Qué ver en Garfe?

En Garfe puede visitar Santuário Rupestre de Garfe. La región también es conocida por sus productos con denominación de origen protegida.

¿Cuál es la altitud de Garfe?

Garfe se sitúa a una altitud media de 217.7 metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Braga.

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