Artículo completo sobre Lanhoso: bombos al amanecer y castillo sin romanos
En Póvoa de Lanhoso, la Feria de San José despierta con tambores y guarda un castillo visigodo
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El tambor que despierta a Lanhoso
A las 7.30 de la mañana, en la Rua do Eirado, empieza a oírse el redoble de los bombos. No se ve aún a la cofradía de San José de la Vila: camisetas rojas y chisteras negras que bajan hacia el pelourinho. Es 19 de marzo, día del patrón, y aquí se mantiene la costumbre de despertar la aldea con el mismo repique de caja y bombo que mi abuela llamaba «el rumor de Lanhoso».
El pelourinho que no es manuelino
El pelourinho de la plaza D. João I no es manuelino: es una columna de granito del siglo XV con capitel románico reaprovechado, levantada tras 1446, cuando el rey Alfonso V confirmó el fuero de Lanhoso. La Feria de San José, otorgada en ese mismo documento, conserva sus fechas fijas: 18, 19 y 20 de marzo. Aún hoy, los agricultores de la parroquia vecina de Travassós llegan al amanecer con el ganado atado al camión, como hacían sus abuelos a pie hasta las «ribas» del Ave. La iglesia matriz, reconstruida tras el incendio de 1892, guarda el retablo barroco que se salvó: cuatro paneles de talla dorada con San José, la Virgen y el Niño, traídos de la desmantelada iglesia del convento de Santo Domingo de Braga.
El castillo sin romanos
Subir al Castillo de Lanhoso es tomar la carretera municipal 534 y dejar el coche en el aparcamiento de Merujal; desde allí son 800 m a pie hasta el cerro donde se alza el cinturón de murallas visigodas del siglo VII, reforzadas en el X por los árabes y ampliadas por Alfonso Enríquez tras 1130. No hay puente romano sobre el Ave; el que se cruza en la N-206 es medieval, reedificado en 1320 por iniciativa del obispo de Braga D. Martín Pires, y tiene tres arcos desiguales porque el río cambió de cauce en 1742. Desde el castillo se divisa la Sierra da Cabreira, pero también el tramo final del ferrocarril del Corgo, cerrado en 1990, cuya estación de Lanhoso alberga hoy una escuela de música.
Bombos, concertinas y el «baile de la señora»
La procesión del 19 de marzo sale a las 15.00 de la iglesia matriz, baja por la Rua Dr. José Sampaio, gira a la izquierda en la Praça da República y termina en el recinto ferial donde se monta el escenario. Las concertinas son de Gaitas & Cordas, grupo local fundado en 1987; los bombos pertenecen a la Sociedad Musical Lanhosense, creada en 1923 y aún asentada en el antiguo cine Paraíso. Cuando finaliza la comitiva, muchos se van al pabellón del Club de Cazadores a comer sardinas asadas y bailar el «baile de la señora», un bailarico tradicional que empieza a las 22.00 y solo acaba cuando falla el generador de la junta parroquial — normalmente pasadas las dos.
Lo que realmente se come
En el restaurante O Abocanhado, la chuleta barrosã (IGP desde 1996) pesa 600 g y llega de la cooperativa de Carne Barrosã en Vilar da Veiga; el arroz de sarrabulho lleva sangre de cerdo casero de Calvos y hierve tres horas. La broa es de maíz amarillo de la variedad «Amarelo do Minho», molido en el molino de Águas Santas que aún funciona los viernes. El vino verde blanco servido de grifo procede de la Quinta da Pitarca, en Fafe, y es de la variedad Loureiro. La miel de Terras Altas do Minho (DOP desde 2005) es de brezo y carqueja, recolectada en Alturas do Barroso; el tocino de cielo lo elabora la Pastelería Central siguiendo la receta escrita por fray João en 1899 en el extinto convento de San Benito de Lanhoso.
La ruta que baja al río
El «Trilho do Rio» es un sendero de 5,2 km señalizado por la asociación Terras de Lanhoso: empieza en el campo de fútbol de la parroquia, sigue la levada del molino de Agra, cruza el puente de madera de Merujal y regresa por la margen izquierda del Ave, donde aún se ven los silos de piedra de los antiguos molinos hidráulicos. Se tarda 1 h 30 min; conviene llevar bañador, porque hay una playa fluvial con graderío de granito y escaleras talladas en la roca en 1952 por la Comisión de Mejoras de Lanhoso. Cuando se acaba el bizcocho de Margaride en la Feria de San José, allí se va a refrescar antes del fuego artificial de medianoche, disparado desde el atrio del castillo y visible en todo el valle.