Artículo completo sobre Moimenta: campanas que despiertan al Gerês
Moimenta, en Terras de Bouro, despierta entre campanas, miel DOP y vinos verdes bajo la sierra del Gerês.
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El tañido de las campanas atraviesa el valle al alba, despertando las laderas cubiertas de matorral y robles. En Moimenta, a 153 metros de altitud, la luz matutina dibuja sombras alargadas sobre los caminos de tierra que serpentean hacia la sierra. El aire huele a humedad de regato y a humo de leña: alguien ha encendido el fuego antes de que el sol asome del todo por las crestas del Gerês.
La parroquia apenas abarca tres kilómetros cuadrados, pero cada metro parece almacenar una historia de continuidad. Aquí residen 783 personas, muchas nacidas en las mismas casas donde sus abuelos criaron ganado y labraron la tierra. Los frentes de granito, encalados de blanco, devuelven la luz de forma desigual: la cal se desprende con las lluvias invernales y deja manchas grises que parecen mapas de memorias.
Entre la fe y el calendario
El ritmo del año en Moimenta se mide por las fiestas. La celebración en honor a Nuestra Señora do Livramento y la de Santa Eufemia marcan el calendario local, pero es la Romería de São Bento da Porta Aberta la que atrae multitudes desde todo el Miño. Las procesiones suben por los viejos senderos, entre muros de piedra suelta y cruceros de granito ennegrecido por el tiempo. Durante las fiestas municipales en honor a San Blas, el aire se llena de voces y el olor a chorizo asado se mezcla con el aroma dulzón de los dulces de convento.
Hay 217 personas mayores de 65 años en la parroquia —casi el triple de las 101 criaturas que aún corren por los plazuelas de tierra—. Pero los domingos, cuando las campanas convocan a misa, tres generaciones se reúnen a la puerta de la iglesia y intercambian noticias sobre cosechas, bodas y bautizos. Es como aquel café que ya no existe en tu barrio: todo el mundo se conoce, aunque no recuerde el nombre.
La miel y el vino verde
La gastronomía de Moimenta descansa sobre dos pilares: la Miel de las Tierras Altas del Miño DOP, densa y oscura, con matices de castaño y brezo, y los vinos verdes de la región. La miel es de la que tomaban los abuelos con cuchara: espesa, como si tuviera prisa por llegar al pan. El vino, en cambio, es el que se bebe a la sombra de la higuera en la plaza de la iglesia, cuando el día empieza a refrescar y las moscas ya no molestan tanto.
Senderos que atraviesan el tiempo
Moimenta se cruza con el Camino del Norte a Santiago, y no es raro ver peregrinos perdidos que preguntan si queda mucho. El Parque Nacional de Peneda-Gerês empieza justo ahí, en los límites de la parroquia. Hay rutas que merecen la pena —especialmente la que sube al mirador de Nuestra Señora do Livramento, desde donde el valle se extiende como una sábana mal tendida—.
Los 40 alojamientos de la parroquia son, en su mayoría, casas de familia adaptadas: la de doña Amélia, por ejemplo, donde se cena a la misma mesa que los huéspedes y siempre se acaba hablando de política. Hay quien llega por un día y se queda una semana, rendido al ritmo pausado donde el acontecimiento más importante es que el pan nuevo salga del horno a las siete de la mañana.
Al caer la noche, cuando las luces de las casas se encienden una a una, como quien aún no encuentra el interruptor, se oye el murmullo lejano del agua corriendo entre piedras. El viento trae olor a tierra mojada y a resina de pino. Aquí el silencio nunca es total: siempre hay una campana, un perro a lo lejos, el crujido de una puerta de madera. Y es precisamente ese murmullo constante, esa respiración suave de la sierra, lo que sigue resonando mucho después de partir. Como el amigo que se despide pero aún se queda charlando un rato en la puerta.