Artículo completo sobre Gondifelos, donde el granito huele a pan recién hecho
Entre casas de brasileños y viñedos, el pueblo guarda el cruceiro del 97 y el olor a leña
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El olor a leña de la panadería se mezcla con el aroma de tierra mojada cuando la mañana aún no ha secado el rocío de las viñas. En Gondifelos, la campana de la iglesia de São Martinho marca las horas sobre el caserío donde el granito gris de las casas viejas convive con las fachadas coloridas levantadas con dinero desde el otro lado del Atlántico. El Valle del Ave se extiende en una suave ondulación a 141 metros de altitud, donde las riachuelos corren entre muros de piedra seca y los robledales recortan el horizonte camino de la Sierra de Falperra.
La tierra de Gundifilius
El nombre aparece en 1192 en el foral de Juan Sin Tierra como «Gundifellos», pero el elemento germánico Gundifilius ya constaba en una donación de 1153 al Monasterio de São Martinho de Tibães. Durante siete siglos, la parroquia perteneció al término de Ribeirão y solo en 1832 pasó al ayuntamiento de Vila Nova de Famalicão. El apodo de «aldeia dos brasileiros» nació entre 1880 y 1920, cuando el 42 % de las familias recibía remesas desde Río de Janeiro y Santos. Las «casas do Brasil» —número 42 de la Rua do Outeiro, 71 de la Rua Nova— lucen azulejos de Santa Teresa y balcones de hierro fundido traídos por el barco Minho en 1903.
Piedra, cal y agua
El Solar dos Carneiros, construido en 1784 por João Carneiro (hidalgo de la Casa Real), conserva la fachada original de tres cuerpos con escudo de armas donde se lee «Sub robore virtus». La Capilla de São Sebastião, levantada en 1723 por iniciativa del cirujano mayor Jerónimo da Cunha, formaba parte del Hospital de la Misericordia que funcionó hasta 1946. El puente sobre la riera de Gondifelos, con tres arcos desiguales fechados en 1755, soportaba el camino real que unía Braga y Guimarães. El cruceiro del atrio, mandado hacer por el párroco Manuel Pires en 1897, sustituyó al anterior de 1623 destruido por la tormenta de 1895.
Sabores del matanza
El rojão gondifelense lleva siempre colorau de Esposende y vino tinto de la variedade vinhao, tal y como especifica la receta de 1928 de Rosa Lima (primera mujer en abrir una tasca en la villa). El 11 de noviembre, tras la misa de São Martinho, aún se sacrifican 18 cerdos en la parroquia —cifra que llegó a 120 en los años sesenta. El cabrito se asa en el horno de Casal do Outeiro, construido en 1847, donde se guardan las cenizas de roble para dar sabor. Las cavacas llevan 12 huevos por kilo de harina, receta que Vóvó Aninhas trajo del convento de São Bento de Monchique en 1934.
Entre viñas y caminos
La ruta de los Pasos, de 5,3 km, sigue el recorrido de la procesión del Señor de los Pasos establecida en 1769. Los muros de piedra seca, con una altura media de 1,8 m, se alzaron entre 1850 y 1950, cuando la viña ocupaba 180 ha (hoy quedan 42). El sistema de riego por turnos, «água da feira», funcionaba los martes y viernes: cada propietario tenía 30 minutos para regar, controlados por el «maestro del agua» que golpeaba la lata de hierro a las cinco de la mañana. El mojón del Camino Portugués de Santiago, colocado en 1987, está a 200 m de la iglesia matriz —etapa 11 entre Barcelos y Famalicão.