Artículo completo sobre Valbom esconde retablos dorados y romerías entre levadas
En la unión de Valbom, Passô y São Martinho, el siglo XVI vive en retablos y fiestas
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Al atardecer, la campana de São Martinho repica el Ave María. El sonido baja por el valle y se pierde entre los prados. Dentro, los retablos del siglo XVI mantienen su guardia silenciosa: rostros que sobrevivieron al olvido bajo maderas doradas — Valbom guarda lo mejor de sí justo fuera de la vista.
El sol de la mañana atraviesa el atrio de la iglesia de São Martinho y enciende el granito claro de la plaza. En la penumbra, dos paneles del siglo XVI aguardan al visitante que se detenga: Nuestra Señora de la Asunción y San Pedro, rostros dorados que estuvieron ocultos detrás del retablo barroco hasta 2013, cuando unas obras de restauración los sacaron a la luz. Nadie sabía que estaban allí.
Tres nombres, un valle
Valbom es tres parroquias en una desde 2013: Valbom (São Pedro), Passô y Valbom (São Martinho). Cada lugar conserva su identidad en las capillas, en los santos patronos, en los cruces de granito entre Bouças, Paço y Pomarelho. El nombre viene de la fertilidad de estas tierras bajas, regadas por levadas medievales que bajan de la Serra da Cabreira. São Martinho de Valbom se llamaba São Martinho de Babó o Fogaças hasta 1855, cuando pertenecía al extinguido ayuntamiento de Pico de Regalados. Los libros parroquiales aún lo registran.
El retablo que escondía cuadros
La iglesia matriz de São Martinho tiene trazos románico-góticos y retablo barroco dorado. Los paneles del siglo XVI se exhiben ahora en la nave. Junto a ella, la nueva casa del dol cierra el conjunto. En el extremo opuesto del territorio, la iglesia de São Pedro es más discreta. Entre ambas, la capilla de São Faustino, citada en 1758 en las Memorias Parroquiales, marca el lugar donde la Cofradía de las Almas organizaba romerías.
Junio, mes de Santo António
Las fiestas de Santo António dominan junio. La plaza se llena de farolillos, sardinas asadas y hogueras. Es fiesta concejil que reúne a toda Vila Verde. Se reparten bolos de Santo António: masa compacta que se parte a mano. Después, conjuntos folclóricos suben al escenario. En agosto, la Romaría de Nuestra Señora del Buen Despacho atrae fieles de Braga: misa campestre, desfile rural, cánticos en latín entre campos de maíz.
A mesa, lo que da la tierra
El cocido lleva patata de Trás-os-Montes IGP, col gallega, embutidos ahumados, farinheira oscura. Todo en cazuela de hierro a fuego lento. El cabrito asado en horno de leña se sirve con arroz de horno y vino verde del Basto. En días de fiesta, ternera estofada con vino blanco, quesos de cabra y oveja, miel de las Tierras Altas del Miño DOP. Cuando hay, carne cachena de la Peneda DOP. Para acabar, toucinho-do-céu, pan de ló de Outeiro y suspiros de Passô: recetas que se transmiten de madre a hija.
Caminos entre levadas y hórreos
El paisaje es vega minhota: tierras bajas, pomares de manzana, viña en espaldera. Pequeños afluentes del Cávado cortan los prados. Las levadas — canales de piedra cavados hace siglos — aún riegan los campos. No hay senderos señalizados, pero los caminos rurales unen Bouças con Pomarello, pasando por cruces, hórreos resquebrajados y casas señoriales. La ecovía del Cávado queda a 5 km.
Al caer la tarde, la campana de São Martinho toca las avemarías. El sonido atraviesa despacio el valle y se pierde entre los prados. Dentro de la iglesia, los paneles del siglo XVI siguen allí, rostros que resistieron al olvido bajo madera dorada — Valbom guarda lo mejor de sí escondido tras lo visible.