Artículo completo sobre Ferradosa y Sendim da Serra: silencio de alcornoque
En la sierra de Gouveia, dos pueblos se abrazan entre olivares, almendros y romerías
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La carretera serpentea por la sierra de Gouveia y, al llegar a Sendim da Serra, la primera impresión es visual: hay dos pueblos dentro del mismo pueblo. A la entrada, casas más recientes se alinean junto al asfalto. Unos metros más arriba, la zona antigua se agarra a la iglesia parroquial como si de ella hubiera nacido. Entre ambas, el silencio es denso —solo lo rompe el viento que sube del valle y mueve las copas de los alcornoques.
Ferraginal y raíces germánicas
Ferradosa debe su nombre al ferraginal, la tierra donde se sembraba ferrã —centeno o cebada—. La palabra guarda la memoria de un territorio agrícola, aunque hoy los campos estén más quietos, con olivares y almendros dominando el paisaje. Sendim da Serra, por su parte, conserva una raíz germánica: Sandini, nombre propio común entre los siglos V y VI, cuando los visigodos cruzaron estas tierras. El “da Serra” no es adorno —es geografía pura, referencia a la sierra de Gouveia que la rodea. La aldea de Picões, hoy anexa a Ferradosa, fue antaño una parroquia independiente. Y el cruce hacia Torre de Moncorvo se hacía en barca, por el río, junto a la desaparecida aldea de Silhades.
Romería a tres kilómetros
La Capilla de Nuestra Señora de Jerusalén está a unos tres kilómetros de Sendim da Serra, pero es allí donde, cada año, converge una romería muy concurrida. El camino que lleva hasta ella atraviesa olivares y almendros. Quien sube en día de fiesta oye la campana mucho antes de ver la capilla. El interior es sencillo, pero el exterior respira —siempre hay viento en esa colina, y la luz golpea de frente la fachada blanca. Las fiestas religiosas marcan el calendario: Nuestra Señora de las Nieves (5 de agosto), Nuestra Señora de Fátima (13 de mayo), el Mártir San Sebastián (20 de enero), San Antón de la Barca (enero). Cada una trae a gente que ya no vive aquí, pero que vuelve.
Aceite, almendra y productos de la sierra
La gastronomía respira la altitud y el clima seco de Trás-os-Montes. El Aceite de Trás-os-Montes DOP nace de los olivares que cubren las laderas. La Almendra Douro DOP madura en las ramas que, en primavera, tiñen el paisaje de blanco. En la mesa, el Cabrito Transmontano DOP, el Cordero Terrincho DOP, la Chouriça de Carne de Vinhais IGP y el Jamón de Vinhais IGP acompañan al Queso Terrincho DOP y al Queso de Cabra Transmontano DOP. La Castaña de la Terra Fría DOP llega en otoño, y la Miel de la Terra Quente DOP endulza el pan negro. No hay restaurantes turísticos —la gastronomía vive en las casas, en las mesas familiares, en las fiestas. El pan de pueblo, aceite nuevo y vino tinto de la casa es lo que se encuentra en cualquier cocina.
Arquitectura que se lee en capas
Caminar por la zona antigua de Sendim da Serra es leer el pueblo en capas: piedra oscura, puertas bajas, rendijas estrechas. La iglesia parroquial de Sendim da Serra, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, data del siglo XVIII, con retablo barroco en talla dorada. Ferradosa tiene su propia iglesia matriz, también del siglo XVIII, dedicada a Santiago. El territorio abarca 2.705 hectáreas, pero solo 169 habitantes —seis personas por kilómetro cuadrado. Noventa tienen más de 65 años; tres, menos de 14. La escuela primaria de Sendim da Serra cerró en 2009, y la de Ferradosa resistió hasta 2013. Ahora, los niños van a Alfândega da Fé o a Torre de Moncorvo. La baja densidad se traduce en espacio: siempre hay más cielo que casas.
El olor a leña de alcornoque quemada persiste al final del día, incluso cuando hace calor. Es un aroma que atraviesa generaciones, que se adhiere a las paredes de piedra y que, inevitablemente, se queda en la ropa de quien pasa por aquí despacio.