Artículo completo sobre Vilarinho da Castanheira: piedra y castaño en el Tua
Vilarinho da Castanheira, Carrazeda de Ansiães: iglesia barroca, viñas en socalcos y fiesta de Santa Eufemia con sarrabulho.
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La primera luz del día besa la sierra del Marco y, en fila india, baja hasta el pueblo, dejando las viñas de Soeiro a mitad de ladera, aún dormidas. A 813 metros, el aire conserva la frialdad de la resina de los castaños que dieron nombre al lugar incluso en pleno agosto. Vilarinho da Castanheira no se “sienta” sobre el paisaje: fue la propia gente quien lo fue esculpiendo desde que, en 1559, unos arras de dote mencionan “la aldea de Villarinho da Castanheira en la comarca de Ansiães” (Torre do Tombo, Casa Real, libro 20, f. 128).
Raíces en el siglo XVI
El nombre completo aparece ya en una escritura de 1598: “Villarinho da Castanheira con sus castaños y viñas en bancales”. La parroquia se creó en 1567, desgajada de Carrazeda, para repoblar después de la peste de 1554. Aún hoy se dice “bajar a la villa” cuando se toma la CM-528 en dirección al Tua. La vid llegó más tarde: los papeles de la Junta de Obras del Duero (Archivo Distrital de Bragança, caja 314) revelan que los socalcos no se abrieron aquí arriba hasta la demarcación de 1756. Patrimonio de la Humanidad desde el 24 de junio de 2001, pero para quien nació en Vilarinho el paisaje ya era “el mundo” siglos antes.
Piedra y fe
La iglesia de Santa Eufemia no está “en el centro del pueblo”: es el centro. Alzada en 1692 —la fecha grabada en la piedra de la sacristía—, domina el atrio donde confluyen los caminos de Soeiro, Fonte Longa y el Marco. El campanario se ve desde la otra orilla del Tua; las lápidas del cementerio se arriman al muro norte, como quien se alumbra al sol. El granito salió de la cantera de Vilarinho do Marco; el retablo de talla dorada pagó promesas tras la sequía de 1945. Protegida desde 1982 (BOE núm. 104, serie 2, 6 de mayo).
Calendario de celebraciones
- 16 de agosto: Santa Eufemia. La procesión baja hasta el crucero de la Carvalheira y sube al son de una banda de gaitas de Miranda. A las 11 h se bendicen las cestas en el atrio; después se come sarrabulho con sangría de castaña.
- 15 de agosto: Nuestra Señora de la Asunción. Misa a las 9 h en la ermita de Fonte Longa, donde aún se guarda la imagen de 1783 que sobrevivió al incendio de 1926.
- Último domingo de mayo: romería de Carrazeda. Salen tres coches engalanados con retamas; paran en la carretera para beber aguardiente en el bar de Zé Mário antes de bajar a la villa.
En días de fiesta la población se triplica. Los 362 empadronados en 2021 (INE) se convierten en mil cuando los emigrantes de Lisboa y Oporto llenan sus Ford Transit en la A-24.
Sabores certificados
En la tienda de la señora Alda se vende Terrincho con etiqueta DOP núm. 124: es el queso que João de Soeiro elabora con la leche de sus 80 ovejas Churra da Terra Quente. El cordero va al horno de leña del restaurante “O Tua”, asado con arroz de grelos; el cabrito es de Zé Mário, en Parada do Tua, y lleva siempre un diente de ajo clavado en el lomo. El jamón de 2022 aún descansa en el suelo de la bodega del señor Aníbal: 7,3 kg, salado en enero y ahumado con hoja de castaño hasta Pascua. Quien quiera llevarse uno paga 35 € el kilo, pero solo después de agosto.
Paisaje en bancales
Son 2.825 hectáreas, pero quien recorre la CM-528 solo distingue tres lugares: Vilarinho (la aldea), Soeiro (las viñas) y Fonte Longa (el olivar). El resto es matorral de retama y tojo que sube hasta los 968 m del Marco. La densidad —12,81 hab/km²— se traduce en calles sin alumbrado: a las 21 h solo ladran los perros del casero de la Quinta do Moura. No hay monumentos ni senderos señalizados; hay un desvío de tierra apisonada, antes del puente sobre el Ribeiro de Soeiro, que lleva al mirador donde el Tua dibuja la curva del Carvalhal. Allí venían los chavales, antes del embalse, a beber vino de garrafa de tres litros y escuchar a Rui Veloso en la radio del Uno del 87.
Al atardecer, cuando paran las máquinas de la vendimia y el viento trae el olor del mosto fermentando en las pipas de roble del señor Aníbal, se entiende que Vilarinho no necesita nada más: basta el peso del granito bajo los pies y el silencio que suena a jornada cumplida.