Artículo completo sobre Avantos y Romeu: leña, canto y alheira en Trás-os-Montes
Visita Avantos y Romeu en Mirandela: vive el Serrar da Belha, prueba alheira de Mirandela y siente la Navidad tradicional portuguesa.
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El sonido llega antes que la imagen: el tintineo metálico de las tijeras contra el tronco, el coro de voces graves que entonan versos antiguos, la carcajada ronca de quien sabe que aquí el invierno se mide en leña y en palabra. En la unión de las parroquias de Avantos y Romeu, a 375 metros de altitud sobre el valle del Tua, el calendario no se rige solo por los meses: se rige por los gestos. Y cuando llega la Navidad, es el Serrar da Belha quien marca el ritmo: el corte solemne de un tronco grande que arderá durante días mientras la comunidad se reúne alrededor del fuego.
Esta es una tierra de transición entre la Tierra Fría y la Tierra Caliente del Trás-os-Montes, donde los inviernos muerden con la escarcha y los veranos estallan en calor seco. Avantos y Romeu, dos aldeas que se fusionaron administrativamente en 2013, comparten ahora los mismos 27,4 kilómetros cuadrados de olivares, castañares y pastos para el ganado ovino. La densidad de población es de las más bajas del país —12 habitantes por kilómetro cuadrado, 341 almas en total, 193 de ellas con más de 65 años—. El silencio aquí no es ausencia: es una presencia densa, salpicada por la campana de la capilla y el balido lejano de las ovejas Terrincho.
La fiesta que no se olvida
La Festa do Rapaz, en honor a Santo Estêvão, marca el calendario de diciembre con una tradición que atraviesa generaciones. Grupos de jóvenes recorren las casas cantando, recogiendo ofrendas —chorizos, jamones, castañas— en un ritual que es a la vez sagrado y profano, celebración y súplica de abundancia. Es en estos momentos cuando la aldea respira a pleno: puertas abiertas, humo de los ahumados escapando por las chimeneas, olor a leña de roble mezclado con el aroma seco del embutido curando.
Mesa que no engaña
Mirandela es conocida como la capital de los embutidos portugueses, y Avantos y Romeu heredan esa generosidad de la tierra. Lo que se come aquí viene de la huerta o del corral. La alheira de Mirandela no es solo un nombre: es lo que se sirve en las tabernas, asada hasta reventar, con patata cocida regada con aceite nuevo. El queso Terrincho, hecho con leche de oveja de la raza local, se toma con pan de millo. El cabrito se asa en horno de leña durante cuatro horas. En temporada, la castaña de la Tierra Fría sustituye al pan. La miel es de acacia o de brezo, según el año.
Caminos entre la pizarra y el granito
Los senderos de tierra serpente entre campos de secano y pequeños robledales, bordeados por muros de piedra suelta. No hay rutas homologadas ni carteles turísticos: solo la lógica antigua de las levadas y los atajos de pastor. El paisaje es ondulado, calcáreo, salpicado por espigueiros de granito que guardan el millo y los alubias secos. Al fondo, el valle del Tua se dibuja en tonos de ocre y verde oscuro, con viñas dispuestas en bancales irregulares.
Cuando cae la noche y el fuego del Serrar da Belha se enciende en el atrio, las brasas sueltan chispas que suben despacio hasta confundirse con las estrellas. El calor asciende, denso y reconfortante, mientras las voces vuelven a cantar. No hay prisa. Solo hay el tronco que arde, la comunidad que resiste, y el humo que sube —lento, persistente, inevitable.