Artículo completo sobre Saldanha: donde el viento habla entre olivas milenarias
A 628 m, entre cordero a la cazuela y noches de Vía Láctea
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La luz de la mañana tarda más que en el resto del municipio: la culpa la tienen los 628 metros de altitud, dicen los mayores. En Saldanha el viento no silba, habla. Y le responden las olivas centenarias que aún exprimen un aceite denso, de esos que convierten la rebanada de pan en un bocado de repostería.
Qué se come aquí
El restaurante del pueblo solo abre si se reserva con dos días de antelación, pero merece la llamada. Pida cordero a la cazuela: llega en una olla de barro, con patatas que han bebido el jugo como esponjas. El cabrito es del vecino, el aceite del molino del señor António, justo al lado de la iglesia. Pruebe también el queso terrincho con miel de la tierra caliente: la mezcla choca hasta la primera cucharada.
No hay carta. La señora Rosa pregunta cuántos son y sirve lo que hay. Lleve efectivo, no aceptan tarjeta.
Dónde irse
La ermita de Nuestra Señora del Camino está en lo alto del cerro, donde se adivina el Duero Internacional al fondo. Son veinte minutos a pie por un sendero de pizarra — lleve agua, el sol engaña. Si viene en agosto, coincidirá con la romería: hace años que el quiosco de música está roto, pero la verbena sigue en pie. Los emigrantes regresan desde Francia con coches alemanes y ganas de bailar hasta que salga el sol.
A quien le guste caminar, que siga la senda que baja hasta el río. Tres horas ida y vuelta, pero lleve linterna: la niebla sube deprisa y el móvil no coge cobertura en el fondo del cañón.
Qué meter en la mochila
- Aceite del señor António (lleve una botella, la llena en el acto)
- Jamón de la señora Alice (lo guarda en la bodega de la casa con puertas azules)
- Una pequeña losa de pizarra del campo — dicen que trae suerte a quien regresa
Saldanha no es sitio para ir de vacaciones. Es adonde se escapa cuando las vacaciones ya saben a poco. Donde se pasa el móvil a modo avión y se deja que el tiempo haga lo suyo. Por la noche el cielo es tan negro que se ve la Vía Láctea — y eso, amigo, ya no se encuentra en ninguna parte.