Artículo completo sobre Benlhevai: retumbo de tambores y castañas al humo
Benlhevai, Vila Flor: tambores cada jueves, castañas al humo en la Magusta, iglesia barroca y soutos que perfuman el aire.
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Los tambores retumban cada jueves en el antiguo lagar comunitario. El grupo «Os Amigos de Benlhevai» hace vibrar los muros de piedra y el redoble baja por la ladera hasta el regato donde, antes, giraba la rueda del molino. Son 235 vecinos, pero el compás se mantiene desde 1992. No hay cafetería ni tienda. El pan sube en la furgoneta del servicio de ayuda a domicilio que parte de Vila Flor cada mañana. Aquí la densidad alcanza las veinte personas por kilómetro cuadrado y el pulso del pueblo se marca con otros ritmos.
Donde la pizarra guarda memoria
La iglesia parroquial de San Bartolomé se alza entre talla dorada y azulejos del siglo XVIII, testigo barroco en una aldea que nunca tuvo carta de villa —siempre formó parte del término de Vila Flor, cuyo foro otorgó Don Dinis en 1286. El topónimo, quizá procedente de «Benelhavium», apunta a «lugar bien resguardado» y la geografía lo confirma: el valle del arroyo de Benlhevai se esconde entre ondulaciones que preceden a la sierra de Bornes, donde el viento norte pierde fuelle antes de llegar a las huertas.
En el lugar de Póvoa, los hórreos de pizarra y madera se alinean junto a los pallozas como signos de puntuación antigua en el paisaje. El crucero de piedra, arrimado al atrio, es del siglo XVIII. La capilla de Nuestra Señora del Castaño, de nave única y sin ornatos, recibe a romeros la primera semana de septiembre: peregrinación a pie, subasta de productos regionales, cantares a capella bajo las copas.
Castañas al humo y aceite de la tierra
El souto comunitario, plantado tras la filoxera a principios del siglo XX, rinde unas quince toneladas anuales. Durante la «Magusta», en noviembre, las castañas se tuestan en hogueras alimentadas con sarmiento viejo. El humo impregna la pulpa y confiere un sabor que ningún horno eléctrico reproduce. En la mesa, el cocido transmontano alterna con el cabrito asado en horno de leña. Los embutidos ahumados —salpicón de Vinhais IGP, chorizo de carne, alheira— cuelgan de los fogoneros de las casas más antiguas. El queso Terrincho DOP cura en estanterías de madera, junto al queso de cabra transmontano. El aceite de Trás-os-Montes DOP baja de los olivares que dibujan bancales hasta el regato, donde anidan el mirlo común y el petirrojo.
Sendas, barro y estrellas
El Sendero de los Castañares (PR4) traza seis kilómetros circulares entre Benlhevai y Póvoa, pasando por el molino, el lagar y el mirador sobre el valle del Tua. La sierra de Bornes, al norte, ofrece rutas donde aún pastan garranos en libertad y donde el azor caza en las breñas de pizarra cubiertas de esteva y romero. Por la noche, sin contaminación lumínica, el cielo se abre en constelaciones nítidas. Hay quien sale de la iglesia tras la puesta de sol, telescopio al hombro, para observar rapaces nocturnas con guía local.
El párroco Joaquim Augusto Ferreira, natural de Póvoa, dejó manuscritos sobre usos y costumbres transmontanos en el Archivo Distrital de Bragança. Sus notas describen la Festa da Vila —24 y 25 de agosto, procesión, verbena, baile— y la Romería de Nuestra Señora de la Asunción, el 15 de agosto, seguida de magusto compartido bajo los castaños. El son de los tambores resuena hoy en los mismos caminos que él recorrió. En el salón parroquial, rehabilitado con la ayuda de António Marques, emigrante condecorado por el ayuntamiento en 2008, los cantares se alargan después de la cena de romería.