Artículo completo sobre Roios: silencio entre almendros y pizarra
Un pueblo de 148 almas donde el viento huele a almendra y el cordero se asa lentamente
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El silencio que pesa
En Roios el silencio se nota. Son 148 personas repartidas en 1.530 ha donde el viento huele a tierra seca y a almendro. Las casas se esconden entre olivares y viñedos, paredes encaladas y tejados de teja roja que el sol calienta hasta el anochecer.
Tres días al año
La Festa da Vila (San Bartolomé, 24 de agosto), la Romería de la Asunción (15 de agosto) y la del Castaño (segundo domingo de octubre) congregan a quienes emigraron y a vecinos de los ayuntamientos cercanos. Fuera de esas fechas, quedan 58 mayores y 14 niños. El resto es espacio.
Lo que se come
Cordero Terrincho DOP y cabrito a la brasa. Queso Terrincho DOP y de cabra que se vende en la ultramarinos de Gaspar. Embutidos de Vinhais: chouriça, linguiça, salpicão. Aceite de la cooperativa de Vila Flor. Almendras de Quinta do Freixo. Miel de la Terra Quente DOP que doña Idalina vende en la puerta de su casa.
Viña y piedra
Cepas viejas en bancales de pizarra. Blancos con acidez que corta, tintos que aguantan botella. Tres monumentos catalogados: capilla de San Bartolomé, cruceiro del Castaño, puente medieval sobre el Tuela. Todo en un radio de 5 km.
Al caer la tarde, el granito devuelve el calor del día. Se cierran las puertas. Un perro ladra al fondo. Así es Roios: tres días de ruido, 362 de silencio.