Artículo completo sobre Vilar de Peregrinos: el pueblo que no vende su silencio
A 771 metros, entre castañas y jamones, resiste el olvido con la llave de la iglesia
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Las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción repican tres veces a las siete de la mañana. Nadie llega tarde al trabajo: hay castañas que recolectar o jamones que revisar. Son 134 personas a 771 metros de altitud, repartidas por 18,4 km² de sierra. El nombre no es publicidad: Vilar de Peregrinos aparece en documentos de 1220 como punto de parada en el camino a Compostela.
El único puente que resiste
El puente medieval sobre el Sabor sigue en uso diario. Cuando el río crece, es el único acceso viable a la aldea. Las flechas amarillas del Camino Nascente están pintadas en la piedra —no en señales— y se desvían por la Rua de Baixo porque el trazado original pasa ahora por una finca privada. El propietario no soporta a los peregrinos.
Iglesia sin turistas
La iglesia abre a las 8h para la misa dominical. El resto del tiempo está cerrada con llave. La guarda el sacristán, que vive en la casa azul de enfrente: basta con golpear su ventana. El altar mayor es de roble que huele a cera desde 1734. La imagen de la Virgen no llegó en mochila de ningún caminante: se pagó con 10 fanegas de trigo en 1623.
Castañas o emigración
Octubre es mes de decisión: 3 euros el kilo de castaña o 1.500 euros al mes en Francia. Quien se queda se levanta a las 5h para ir al souto. Los castaños son enanos —la sierra no perdona— pero tienen DOP, así el intermediario paga 20 céntimos más por kilo. El lobo apareció el otoño pasado y se llevó una perra de Carla. Nadie lo vio, pero encontraron huellas junto al arroyo.
Jamón que no se precipita
El jamón de Vinhais necesita tres cosas: viento norte, altitud y paciencia. Se cuelga en noviembre y se saca en junio. João tiene 40 jamones en la bodega: es el sustento del año. La chouriça de carne se hace con panceta entremezclada, no con papada como dicen los libros. El secreto es el agua: sale de una mina de la sierra, sin cloro.
15 de agosto
Día de Nuestra Señora, pero también día de cuentas. La procesión empieza a las 10h, la verbena a las 13h. Sirven posta a la antigua —12 euros, bebida incluida—. Quien no tiene familia en la aldea se refugia en el café Central. El vino es de mesa, de la cooperativa de Bragança. Nadie hace turismo rural: hay dos casas rehabilitadas, ambas de emigrantes que vuelven dos veces al año.
Cuando cae la noche, el olor a leña sale de todas las chimeneas. Es la única calefacción posible: la electricidad es cara y el gas no llega aquí. A las 22h, la campana vuelve a sonar. Es el aviso para que se apaguen las luces: mañana habrá más castañas, más jamón, más sierra.