Artículo completo sobre Cortes do Meio: el aroma de la broa que marca el tiempo
En la aldea de Covilhã el horno enciende cada jueves y las pozas naturales susurran historia
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El humo sale recto por la chimenea del horno todos los jueves. No es metáfora: es el olor a leña de roble y masa de maíz que le dice a la aldea «hoy hay broa». Quienes viven allí no necesitan reloj — les basta la nariz. Y quienes no viven, se detienen en la calle empedrada a aspirar el aroma como quien hurta una mirada a una cocina ajena.
Cortes do Meio se separó de Tortosendo en 1859. El «do Meio» sirve para no confundirla con Cortes de Baixo: hay cinco núcleos en la parroquia, todos pegados a la ladera como si temieran despeñarse. Durante siglos subieron y bajaron cabritos, leche y carbón. Había días en que lo único que ascendía gratis era la escoba — lo demás se pagaba a base de sudor.
Agua que baja de más arriba
La Ribeira das Cortes nace en el hielo y desciende a saltos, formando diecinueve pozas naturales. La más célebre es el Poço da Cascata: 20 m de caída que hasta los de Figueira da Foz vienen a ver, y eso ya es decir. Desde 2019 la llaman «Capital de las Pozas Naturales», pero nadie va por el título: va porque agua así solo existe en el extranjero o aquí.
Tres senderos marcan territorio: la Rota de los Puentes pasa por el puente romano que no es romano, pero en fin; el Balcón de los Pastores permite divisar los valles donde aún pastan rebaños — pocos, pero buenos; el del Granito es para quienes gustan de la piedra pulida y de subir. El sonido es siempre el mismo: viento, agua y la campana de la iglesia, que parece tenerle pánico al silencio.
Horno, capilla y cabrito
La Capilla del Carmen celebra su fiesta en julio. La de San Antonio, en Cortes de Baixo, es más antigua: 1697, dicen las fechas. Pero donde realmente se festeja la vida es en el horno comunitario: 746 vecinos, 267 con más de 65 años, y aun así la broa sale caliente cada semana. Aquí el tiempo no pasa: se desgasta.
El cabrito es DOP, pero lo que importa es que entra al horno de leña y sale con patata y arroz que solo hacía la abuela. La broa de maíz y el pan de centeno vienen del mismo sitio: si llega tarde, se quedará con las ganas. El vino es de Beira Interior, fuerte como el invierno.
Cinco aldeas, una sola ladera
Cortes do Meio, Cortes de Baixo, Bouça, Ourondinho y Penhas da Saúde son como hermanos: parecidas, pero cada una con su manía. Hay quien cultiva cerezas que en Lisboa se pagan a precio de oro, y hay quien solo consigue que crezca piedra y tojo. En Penhas da Saúde, cuando nieva, la carretera se llena de esquís y de gente que cree que 1.400 m son un juego.
El Camino de Santiago pasa por aquí: los peregrinos se quejan de la cuesta, pero luego ven a pastores de 70 años bajar con la mochila a la espalda y se quedan sin argumentos. El secreto es este: la altitud lo deja todo más claro — el olor, el silencio, hasta la vergüenza de ir despacio.