Artículo completo sobre Covilhã: lana, chimeneas y pendiente
La ciudad portuguesa que baja de la Serra da Estrela entre fábricas mudas y calles de granito
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La mañana llega con un frío húmedo que asciende desde la garganta de la Carpinteira. En la Calzada Romana, los pasos resuenan sobre piedra gastada por siglos de romanos, pastores y obreros que corrían a las fábricas antes del amanecer. Covilhã despierta por capas: cada altitud pertenece a una hora distinta del día.
Es una ciudad construida en vertical. A 455 metros de altitud media, la unión de las parroquias de Covilhã y Canhoso se extiende por la ladera norte de la Serra da Estrela con 700 habitantes por kilómetro cuadrado —gente que aprendió a vivir en pendiente. Sus 18.220 vecinos comparten 2.600 hectáreas donde el granito de las iglesias medievales convive con las chimeneas de ladrillo de las antiguas fábricas.
Lana, vapor y chimeneas mudas
La historia de Covilhã es inseparable de la lana. La Antigua Fábrica Real y la Estrada do Sineiro cuentan una narrativa industrial que moldeó la urbe durante siglos. El Monumento a la Industria Lanera se alza como testigo de aquella era en que el zumbido de los telares mecánicos era el pulso de la ciudad. Hoy, las chimeneas guardan silencio, pero siguen trazando la silueta urbana.
Covilhã aparece documentada desde 1130. El nombre deriva del latín Covilhāna —"pequeña cabaña"—. Canhoso surge en 1243, probablemente de una familia Canhoto. Fue la parroquia más reciente del municipio, creada en 1997, antes de fusionarse con Covilhã en 2013.
Ocho monumentos y una ventana que lo resume todo
El casco histórico alberga ocho inmuebles catalogados. La iglesia de Santa Maria Maior domina con su fachada de piedra oscurecida. La torre de Santiago proyecta una sombra geométrica sobre la calle al caer la tarde. La iglesia de la Misericordia y el convento de Santo António guardan interiores donde la luz filtrada por vidrieras dibuja manchas de color sobre el suelo de losa. La Ventana Manuelina sobrevivió a derribos —cuerdas y esferas armilares esculpidas en un tiempo en que Portugal miraba al mar mientras esta ciudad miraba a la sierra.
En Canhoso, la capilla de Nuestra Señora de Fátima representa el corazón patrimonial de la antigua parroquia. La Casa de los Magistrados, la Casa de las Morgadas y los Palacios del Ayuntamiento completan un itinerario civil que revela los estratos de poder que habitaron estas calles.
Queso que se corta con cuchara y cerezas que tiñen los dedos
La mesa de Covilhã es la mesa de la Beira Interior. El queso Serra da Estrela DOP llega aún tembloroso, abierto por la parte superior para que la pasta cremosa se derrame sobre el pan. El requesón Serra da Estrela DOP se come templado, con miel. El cordero lechal Serra da Estrela DOP y el cabrito de la Beira IGP se asan lentamente hasta que la grasa se convierte en costra dorada. En primavera, las cerezas de la Cova da Beira IGP y del Fundão IGP inundan el mercado municipal. A finales del verano, la manzana y el melocotón de la Cova da Beira IGP perfuman los puestos. El aceite DOP y la aceituna galega de la Beira Baixa IGP cierran el catálogo. Los vinos de la Beira Interior, corpulentos y con mineralidad de altitud, rematan la comida.
Donde empieza la sierra y pasan los peregrinos
El Parque Natural de la Serra da Estrela y el Geoparque Estrela abrazan esta parroquia. Desde el mirador de las Portas do Sol, la vista se abre sobre la Cova da Estrela —valle agrícola recortado por hileras de frutales. En invierno, basta con conducir veinte minutos para alcanzar los remontes de esquí.
Dentro del perímetro urbano, el Jardín del Lago, el Parque da Goldra y el Parque Alexandre Aibéo ofrecen sombra de plátanos y bancos donde se sientan al sol los casi 5.000 residentes mayores de 65 años. El Camino Interior de la Vía Lusitana atraviesa la parroquia —peregrinos con conchas y báculos se paran junto a la iglesia de San Francisco para consultar el mapa.
Puente sobre la Carpinteira
Al caer la noche, el puente sobre la garganta de la Carpinteira se convierte en arco de silencio entre dos orillas. El agua corre allá abajo con murmullo constante —el sonido que se graba en quien recorre Covilhã a pie, de arriba abajo y de abajo arriba, hasta que las piernas piden descanso.