Artículo completo sobre Alcaria: cerezos, silencio y pizarra en la sierra
Una parroquia del Fundão donde la fruta madura antes que las prisas
Ocultar artículo Leer artículo completo
El olor a leña quemada se mezcla con el aroma de la tierra húmeda cuando la mañana aún no ha disipado el frío de la sierra. Alcaria despierta despacio, al ritmo de sus 1101 habitantes, que conocen bien el peso del silencio y el valor de cada cerezo que florece a principios de primavera. A 400 metros de altitud, esta parroquia del Fundão se extiende por más de 2100 hectáreas donde el verde de los frutales alterna con el gris de la pizarra que aflora en las laderas.
Lo que realmente se come
Mayo es mes de cereza. Los tractores circulan cargados de cajas hacia la cooperativa, donde la Cereja do Fundão IGP se selecciona por tamaño y peso. Julio trae el melocotón, octubre la manzana. En los viejos huertos, olivos centenarios aún producen aceite que los molinos locales prensan en frío.
El cabrito de la Beira IGP se asa en hornos de leña durante las fiestas. En las cocinas con ahumador en el techo, el embutido cura al humo durante meses. El queso de cabra se vende en el mercado del sábado en Fundão: lleva euros en monedas y billetes pequeños, no aceptan tarjeta.
El tramo que nadie quiere
La Vía Lusitana del Camino de Santiago Interior atraviesa Alcaria, pero los peregrinos son raros. Cuando aparecen, paran en las fuentes para llenar sus cantimploras y siguen adelante. No hay albergue, ni café, ni señal amarilla que indique el camino: las flechas están pintadas en piedras que el tiempo borra.
Dónde dormir (solo tres)
Tres casas aceptan huéspedes: Quinta das Cerejas, Casa do Xisto y Casa das Oliveiras. Reserva con antelación: no hay recepción 24 horas. La contraseña del Wi-Fi es lenta, pero funciona. Lleva algo de comer: el café más cercano está a 8 km, en Fundão.
Lo que no vas a encontrar
No hay pastelería, ni farmacia, ni cajero. El centro de salud más cercano está en Fundão. El supermercado Minipreço queda a 15 minutos en coche. El transporte público pasa dos veces al día: a las 7:30 y a las 18:00.
Quien se queda, se queda
327 habitantes tienen más de 65 años. Solo 110 tienen menos de 14. La escuela cerró hace cinco años. Los jóvenes se van a Fundão, Covilhã o emigran. Los que vuelven compran casa barata y trabajan en remoto. Necesitan coche: sin él, están aislados.
Al atardecer, cuando la luz rasante incendia la pizarra de los muros viejos y el humo de las chimeneas subue recto en el aire quieto, Alcaria se muestra sin artificio. No hay aquí promesas de magia: solo el peso concreto de la cereza madura en la mano, el sabor denso del aceite nuevo, el frío que sube del valle cuando cae la noche sobre los pomares.