Artículo completo sobre Rosmaninhal: el pueblo que huele a romero
Aceite centenario y senderos entre quebrantahuesos en la aldea portuguesa del Tajo
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El aroma precede a la imagen: es el romero en flor —Rosmarinus officinalis— que cubre los cerros de mantas violeta-azuladas y da nombre a la aldea. Aquí, en el extremo oriental de Idanha-a-Nueva, a 286 metros de altitud y ocho kilómetros del Tajo, el perfume de la planta define la identidad del territorio. El antiguo cruceiro de piedra a la entrada confirma en latín quinientista: Hic rosmarinus floret, hic anima requiescit —«Aquí florece el romero, aquí descansa el alma».
Memoria grabada en piedra y aceite
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción se alza en el centro con la fachada tardobarroca blanqueada a la cal. Fue el párroco Joaquim Augusto da Silva quien, entre 1890 y 1932, promovió la construcción del templo actual y dejó anotadas en manuscritos las Memorias Parroquiales hoy custodiadas en el Archivo Distrital de Castelo Branco. Pero el verdadero pulso de la parroquia latía en los lagares: en el siglo XIX, Rosmaninhal contaba cuarenta molinos accionados por agua que convertían la aceituna galega en aceite Beira Baixa DOP. El antiguo lagar, rehabilitado como espacio museográfico, conserva la muela de granito, la prensa de madera y el olor a orujo impregnado en los muros de pizarra. Entre octubre y diciembre, las lagaradas comunitarias del «Ciclo del Aceite» reactivan gestos centenarios: la aceituna volcada en cestos, el ruido de la muela al triturar, el oro verde cayendo a las tinajas de barro.
Senderos donde el Tajo dibuja el horizonte
El arroyo del Cobral atraviesa la aldea en pequeñas cascadas, formando pozas de agua cristalina —como la de Póvoa— donde el granito pulido por el tiempo brilla bajo la corriente. Dos puentes medievales, ambos con arco de medio punto perfecto, unen las orillas. La Ruta del Romero (PR4, ocho kilómetros circulares) sube al cerro del Castillo Viejo: arriba, el viento sopra sin obstáculos y el valle del Tajo se abre en riscos calizos donde anidan quebrantahuesos, águilas imperiales y alimoches. La bióloga Helena Rosado, nacida en la parroquia, co-firmó el plan de gestión del Parque Natural del Tajo Internacional —el espacio protegido que envuelve Rosmaninhal y cuyo cielo nocturno, certificado como Dark Sky por el Geoparque Naturtejo, exhibe la Vía Láctea sin contaminación lumínica.
Cabrito, espárragos y queijadas de romero
El restaurante O Alpendre sirve cabrito de Beira IGP estofado en horno de leña, piel crujiente y carne que se deshace al tenedor. Las migas de espárragos —los silvestres, recolectados en la sierra en marzo— vienen acompañadas de torreznos crujientes. La sopa de tomate y romero, con huevo escalfado, traslada al cuenco el perfume de los campos. En los postres, los formigos de calabaza, miel y nuez comparten mesa con las queijadas de romero, donde las hojas frescas aportan un toque mentolado inesperado. Dos pequeños lagares venden aceite ecológico; en la finca de la Gardunha, el queso de oveja madura en calabazas y adquiere una corteza anaranjada.
La aldea cuenta con 437 vecinos; 248 han superado los 65 años —cifras de 2021 que revelan el peso del éxodo rural iniciado en los años sesenta. Pero la Fiesta del Romero, creada en 2015, reúne a productores de miel, aceite y artesanía mientras las concertinas animan la plaza. Y en enero, en la Noche de las Fogaceiras, las mujeres hornean pan dulce de maíz y cuentan historias junto a la lumbre mientras, fuera, el frío húmedo de la Beira Baixa aprieta y el romero duerme, aguardando la primavera que lo hará florecer de nuevo.