Artículo completo sobre Estreito-Vilar Barroco
Entre riscos de cuarzo y olivos milenarios, la parroquia de Oleiros guarda sabor y memoria
Ocultar artículo Leer artículo completo
La luz de la mañana golpea los riscos de cuarzo y rebota tan blanca que se siente en la piel. Aquí, en la Serra de São Pedro, a 564 metros de altitud, el silencio solo lo rompe el viento entre los carvajales y, muy lejos, el murmullo del arroyo de Alagoa. Estreito-Vilar Barroco se extiende por 93,5 km² donde la pizarra y el granito dibujan un territorio que los peregrinos recorren desde hace siglos rumbo a Compostela.
Dos lugares, una parroquia
La unión se firmó en 1854, cuando Estreito y Vilar Barroco se fundieron en una sola parroquia. El nombre Estreito viene del valle donde la carretera se estrecha entre peñas. Vilar Barroco guarda casonas con portales de piedra tallada donde aún se leen los escudos de las familias que las mandaron levantar. La reorganización administrativa posterior a la Guerra Civil fijó esta configuración, que se mantiene hoy.
Andas por la Via Lusitana —el Camino Interior de la Peregrinación a Santiago— y la senda te adentra entre chaparrales donde los cerdos ibéricos pastan sueltos. El Geopark Naturtejo protege estos lajares donde se leen 490 millones de años de historia. Hay miradores donde la mirada se pierne en el valle del Zêzere y fuentes donde el agua se bebe fría todo el año.
Cabrito al horno, aceituna en la mesa
La cocina de la sierra es la que hay. El Cabrito da Beira IGP se asa en el horno de leña de la Panadería Central, adobado con hierbas que se recogen a mano en la Serra da Gardunha. Se sirve con patatas del campo y migas a la manera de Vilar Barroco: pan de ayer, ajo y aceite caliente. La Aceituna Galega da Beira Baixa IGP llega de los olivos centenarios de Estreito, conservada en salmuera como manda la tradición. En el Tasco do Zé se come despacio, con una copa de vino de la Adega do Pinhal.
Casas vacías, historias en suspenso
De las 880 viviendas, 463 están cerradas. Son casas de quienes se marcharon a Francia en los años 60 o a Lisboa en los 90. En las aldeas, las puertas cerradas se alternan con huertos donde doña Alda aún planta coles y cría gallinas. La población ha envejecido: 441 personas tienen 65 o más años; solo 37, menos de 14. Pero hay vida nueva: Francisco regresó de París y abrió el primer Airbnb de la parroquia. El ayuntamiento recuperó la levada del Engenho, donde ahora se hacen caminatas guiadas.
Al caer la tarde, cuando la luz se pone detrás del Cabeço da Mina, se oye la campana de la iglesia de Vilar Barroco. Es un sonido que los extremeños que vinieron a trabajar en las obras del embalse aún reconocen. Baja el frío de la sierra, sube el olor de la leña que arde en las chimeneas y recuerda que hay lugares donde el tiempo aún se mide por la campana, por el arroyo y por la sombra que cubre la piedra caliente.