Artículo completo sobre Benquerença: pueblo que nació de una plaga y un abrazo
Hormigas de fuego, langostas y vecinos que se quieren: la historia viva de Benquerença
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El aire frío de la mañana trae el olor a leña quemada y a piedra húmeda. En las calles estrechas de Benquerença, los balcones típicos se adelantan sobre la calzada, creando un juego de sombras que cambia a medida que el sol asciende sobre los 461 metros de altitud. El silencio es denso, solo roto por el eco lejano de una puerta que se cierra o el ladrido breve de un perro. Esta aldea de 463 habitantes guarda una historia inusual: nació del miedo y de la amistad.
Cuando las hormigas expulsaron a los hombres
La tradición cuenta que Benquerença no existía. En su lugar, tres poblados —Aldeia Velha, Aldeia Nova y Outrelo— y la quinta da Benquerença ocupaban el territorio. Pero una plaga de hormigas de fuego (Solenopsis sp.), documentada en los libros parroquiales de 1623 como «bichos que roen los ojos de los niños», forzó el abandono entre 1620 y 1630. Las 47 familias se refugiaron junto a la quinta da Benquerença, a 300 metros al sur de la actual capela de la Senhora da Quebrada. El término «benquerença» aparece por primera vez en una carta regia de 1634, refiriéndose a la «benquerença que los vecinos tienen entre sí».
Arquitectura moderna en la Beira Interior
La iglesia parroquial se alza como un hito inesperado. Inaugurada el 15 de agosto de 1957, fue proyectada por Nuno Teotónio Pereira en 1954, sustituyendo a la ermita medieval de Nuestra Señora de la Asunción. En su interior, la Vía Crucis en madera de nogal y el Crucifijo en roble recibieron mención honorífica en la VIII Bienal de São Paulo de 1965. Cerca, el crucero de 1774, con la inscripción «Este crucero se mandó hacer por devoción de todos los feligreses», sigue en pie.
En las calles, el lagar comunitario de 1892, con su torno de madera y pilón de granito, permanece intacto. La capela de la Senhora da Quebrada guarda la memoria de la plaga de langostas de julio de 1900: según el libro de registros, «después de la procesión del 15 de agosto, no se vio una langosta». Las fiestas en honor a la Senhora da Quebrada se celebran el domingo siguiente a la Ascensión, y las de Nuestra Señora de las Nieves el 5 de agosto, con el «madeiro» (hoguera la víspera) y el «santoro» (procesión con la imagen).
Agua sulfurosa y cascadas
A 800 metros de la aldea, la playa fluvial «O Moinho» ocupa el antiguo molino de Álvaro Gomes, desactivado en 1954. El agua se mantiene a 18°C en verano, con una cascada de 3 metros formada por el arroyo de São Facundo. La parroquia forma parte de la Reserva Natural de la Sierra de la Malcata desde 1981, con 231 hectáreas de su territorio incluidas en la zona de protección.
Las termas de aguas sulfurosas, mencionadas en un documento de 1758 como «agua caliente que cura el mal de piedra», brotan a 400 metros de la capela, con una temperatura constante de 32°C. La Compañía de las Aguas de Benquerença, fundada en 1923, nunca llegó a explotarlas. El agua contiene 2,3 mg/L de azufre, única en la Beira Interior.
El sol del atardecer tiñe de naranja la fachada de la iglesia parroquial. A sus espaldas, donde antaño se alzaba la quinta que acogió a los huidos de las hormigas, el viento agita las ramas de los olivos centenarios. Benquerença sigue siendo lo que siempre fue: un lugar donde la unión venció al miedo.