Artículo completo sobre Sertà: maranho entre olivos y cal
Carnes de IGP, aceite DOP y ríos de buitres en la Beira Baixa
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Se huele Sertã antes de verla. Aroma de grasa caliente, carne lenta, menta romana machacada: un perfume que se mete en las fosas nasales y no engaña. La cocina es el motor del pueblo; por ella se abrió la carretera y, hace ocho siglos, se cruzaban aquí rutas de mercancías y ganado entre la Beira Baixa y el Alentejo. La luz de la mañana golpea la cal de las casas y baja hasta el río Sertã, que murmura entre piedras oscuras. El nombre árabe «sertã» significa cisterna; aún se esconden tanques medievales en los patios traseros.
1184, fueros y piedras que se quedaron
El primer documento que cita la villa es una donación de 1184 atribuida a D. Alfonso Enríquez. D. Alfonso III le concedió fuero en 1263; D. Manuel I lo confirmó en 1515. De esa época queda la iglesia matriz de Santa María, manuelina con trazos renacentistas, y el pelourinho manuelino al lado —granito gastado por siglos de manos. Por las calles hay cruceros de piedra que marcan encrucijadas; no son adorno, son señales de quien iba andando al campo o a misa.
IGP que nadie más tiene
Sertã es la única villa del país con un plato protegido por Indicación Geográfica Protegida: el Maranho da Sertã IGP. Es arroz con carne de cabrito cocido dentro del estómago del propio animal. El Centro de Interpretación explica el proceso; en el concurso anual del «Mejor Maranho» las cocineras miden el aliño al grano de arroz. Quien haga el PR1 «Ruta del Maranho» —7 km entre olivares y dehesa— pasa por lagares abandonados y pastos donde nace el Cabrito da Beira IGP. El aceite es DOP Beira Interior; la aceituna es la Galega da Beira Baixa IGP, servida salada o con ajo y orégano.
En las tascas hay sopa de cazón con menta romana, estofado de cordero y migas con espárragos en primavera. El queso de oveja curado se parte a mano; los vinos son de Beira Interior —tintos con cuerpo, blancos que cortan la grasa.
Ríos, molinos y buitres
El embalse de Sertã sirve para piragüismo y paddle; al amanecer la niebla esconde las orillas. El PR2 «Ruta de los Molinos» sigue los afluentes del río Sertã y pasa por molinos de piedra en seco con canal aún en funcionamiento. En el corte del Zêzere, riscos calcáreos cobijan buitres y cernícalos. El Ecomuseo del Zêzere organiza talleres: se aprende a coser maranho con hilo grueso y a sentir el estómago de cabrito entre los dedos.
Caminos que salen y entran
En 1624 partió de Sertã el padre António de Andrade, el primer europeo documentado que entró en el Tíbet. Hoy la Vía Lusitana —variante del Camino Interior de Santiago— atraviesa la villa. Hay 28 alojamientos (apartamentos, habitaciones en casas particulares) para poco más de 6 000 habitantes. También nació aquí Manuel Fernandes Tomás, miembro de la Junta Gubernativa de 1820, y el etnógrafo José Lopes Dias, que recogió recetas y cantares al desafío.
Romerías y ferias
Último domingo de septiembre: romería de Nuestra Señora de los Remedios, en la ermita del mismo nombre, construida en el siglo XVII. Enero: procesión de San Sebastián, con el frío pegando las mantas al cuerpo. Primer lunes de cada mes: feria de ganado y artesanía en la plaza —vacas, cencerros, olor a cuero curtido.
El Puente de Sertã, de 1880, es el último sonido: agua golpeando los pilares de piedra, rítmico, como una respiración que solo pertenece al lugar.