Artículo completo sobre Sepins y Bolho: vino, leitão y piedra viva
Pasea entre viñas, hornos de leña y pozos del siglo XIX en la Bairrada cantanhedense
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El olor a leña quemada se cuela entre las tejeras de Sepins al caer el sábado, mezclado con el aroma dulzón del mosto que fermenta en los lagares. En las viñas que bajan hasta la ribera, la luz rasante besa los racimos que aún cuelgan de las cepas. Aquí, entre los 40 y los 120 m de altitud, la Bairrada se despliega en ondulaciones serenas, salpicadas de pomares y pequeños bosques de roble alvarinho que se aferran a los cerros al norte de la EN 234.
Dos lugares, una misma historia
La unión administrativa de Sepins y Bolho, formalizada en 2013, agrupa dos aldeas cuyas raíces se hunden en el Antiguo Régimen. Sepins aparece en fueros medievales y en un mapa de 1756 como «Sepeens», ya entonces exportadora de vinos por la cercana Figueira da Foz. Bolho, cuyo nombre parece derivar de «bôlo» —pequeña elevación— conserva la memoria de las invasiones francesas del XIX en los relatos de los mayores. Con 1.711 habitantes repartidos en 1.761 ha, la parroquia respira al compás de la vid y de los arrozales de carolino del Bajo Mondego, que se extienden en las zonas bajas junto al río Alvarenga.
En el centro de Sepins, la iglesia matriz se alza en barroco sobrio; el retablo de talla dorada del siglo XVIII atrapa la luz de las velas que tiemblan en las tardes frías. En Bolho, la capilla de São Sebastião, pequeño templo rural del XVII, abre sus puertas los domingos; su interior encalado de blanco contrasta con la piedra oscura de los cruceros que señalaban los antiguos caminos entre ambas aldeas. Junto a la carretera aún se ve el pozo público de 1834, con la inscripción «Água potável dada por S. M. D. Maria II» grabada en la piedra, hoy seco pero testigo de un tiempo en que cada gota contaba.
Sabores que se aferran
La gastronomía local ancla en la Bairrada y en la carne Marinhoa DOP. El leitão à Bairrada, cocinado al horno de leña, llega a la mesa con la piel crujiente y la carne jugosa, acompañado de patatas en rodajas. En las casas, la chanfana de cabrito se cuece despacio en cazuela de barro y se sirve con pan de maíz recién hecho. Los embutidos artesanos de Marinhoa —morcilla, chouriço, salpicão— ahuman en los secaderos de las bodegas, mientras el arroz carolino del Bajo Mondego IGP cobra vida en el arroz con pato de los domingos de invierno. Al final, el arroz con leche perfumado con piel de limón y los bolinhos de amor-feijão con canela comparten mantel con una botella de espumoso bruto.
Entre viñas y sendas
El «Caminho do Vinho», sendero de cinco kilómetros, une Sepins y Bolho entre viñedos y lagares abandonados, sus muros de pizarra cubiertos de musgo en los tramos más sombríos. La ribera de Sepins discurre entre bosques de galería de aliso y sauce; el murmullo del agua acompaña al caminante hasta los molinos desactivados del río Alvarenga, donde las ruedas de madera se pudren bajo la hiedra. Los sábados, de 10 a 12 h, el Museo del Vino y del Lagar abre en un antiguo lagar de aceite; la entrada es libre. En la Quinta do Encontro la cata de espumosos de Bairrada exita cita previa (234 441 244).
La tienda «O Cantinho», en Bolho, sigue vendiendo embutidos de Marinhoa llegados de las aldeas vecinas, envueltos en papel marrón. En la barra, el «Corte do Bolo» de enero se mantiene de forma informal: roscón de reyes compartido entre vecinos, gesto sencillo que sustituye a las antiguas «Festa do Vinho Novo» y «Festa do Pão», suspendidas por falta de relevo.