Artículo completo sobre Vila Nova do Ceira
Entre Góis y el río helado, casas con el sótano mojado y cabrito cada domingo
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El granito del puente se calienta bajo el sol de la tarde. Abajo, el Ceira corre rápido —lleva el agua helada todo el verano. La aldea se inclina ligeramente hacia el río; las casas más antiguas tienen el sótano a nivel del agua y, en los inviernos peores, se les cuela dentro.
El valle que dio nombre a la tierra
Vila Nova do Ceira nació en 1847, cuando el gobierno decidió unir tres lugares que nadie quería administrar. Lo de «Nova» es relativo: el puente ya era del siglo XVIII y el fuero de Góis data de 1280. Durante la Guerra Civil (1832-34) pasaron por aquí los liberales camino de la sierra: robaron gallinas, dejaron enfermedades. La iglesia de San Pedro es del siglo XVIII, pero poco queda del original: se cayó el techo en 1913, ardió la talla en 1956, y en 1962 llegó el placard del Estado Novo. Hoy es piedra lisa y bancos de madera. La capilla de San Antonio sirve sobre todo para bautizos y funerales de la familia que la mantiene: hay que llamar antes.
Sabores de la Beira Alta
El restaurante «O Céu» sirve cabrito los domingos: hay que reservar. La chanfana llega en cazuela de barro directa del horno; se pide media ración por persona o no se levanta uno de la silla. La carnicería abre a las 7 y cierra a la 13; los miércoles tiene buena morcilla, pero se acaba pronto. El bizcocho de Góis hay que comprarlo en la panadería Gomes, solo los viernes y sábados.
Por las sendas del Ceira
La ruta del río empieza detrás de la iglesia: 8 km con 300 m de desnivel. Los primeros 2 km bordean la orilla; hay tres sitios donde bañarse, pero el mejor es el Poço do Bacalhau (es hondo, sin piedras). Después se sube por la vereda de los molinos —quedan cuatro, dos aún muele maíz cuando hay agua. Desde el mirador del Carrascal se ve Góis y, en días claros, la Serra da Estrela. Lleva agua: no hay bares en el recorrido. La senda está señalizada, pero las cintas son viejas: el GPS ayuda.
Vivir entre generaciones
Aquí viven 931 personas, 336 tienen más de 65 años. La escuela primaria tenía 12 alumnos en 2023; el primer ciclo cerró hace tres años. Los niños van ahora a Góis en el bus de las 7:15. La farmacia cierra a las 12:30 los sábados; fuera de aquí, toca ir a Coimbra o a Lousã. Hay dos cafeterías: la del Club de Cazadores abre a las 6 para los que suben a la sierra; la del centro abre a las 9 y tiene wifi. El mercado mensual es el primer domingo: traen queso de cabra de Arganil y miel de Lousã, pero el mejor negocio es el embutido de Zé Manel, que viene de Pampilhosa da Serra.
Cuando cae la noche, el río parece más alto: es el agua de los embalses río abajo. El silencio es total, salvo cuando los chicos del motocross suben la pista de tierra al patio de la fábrica abandonada.