Artículo completo sobre Avô, el pueblo ondean las campanas sobre el Alva
Entre viñas centenarias y cazuelas de barro, Avô guarda oro, foral y chanfana.
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Las campanas de la iglesia parroquial sueltan tres campanadas sobre la Praça da República y el sonido se demora, como quien conoce cada casa. En Avô, los ecos no se pierden: resuenan en el pelourinho de 1513, bajan por la Rua de Baixo y mueren junto al cruceiro de granito donde, los domingos, el cura aún bendice los tractores. La luz de la mañana se ajusta en los bancales de la viña, dibujando sombras que ya empiezan a menguar — es agosto y el sol no perdona.
Princesa entre aguas
El Alva baja bajo, como casi todo el verano. El puente de cuatro arcos, mandado construir en 1805 por la Comisión Reguladora del Mondego después de que el medieval cediera a las crecidas, aún soporta el tráfico pesado hacia la EN17. Desde el tablero estrecho se ven los muros de pizarra que la AVA — Asociación de Viticultores del Alvão — ha recuperado desde 2018, devolviendo viña a las laderas que el Estado Novo ordenó arrancar para plantar eucaliptos. Al otro lado, las Oliveras de Resende: centenarias, con troncos retorcidos que el ayuntamiento catalogó en 2021 tras una petición de los vecinos.
Tallas doradas y foral antiguo
Dentro de la iglesia parroquial, la talla dorada del retablo mayor es de 1743 — la pagó con oro de Brasil el abad Inácio de Andrade y Sousa, bisnieto del explorador. El foral de 1214 está en el Archivo Distrital de Coímbra, pero aquí se guarda la copia en pergamino reproducida en 1964, cuando Avô aún tenía juez de foro. El pelourinho perdió la corona en 1756, durante el terremoto que también derribó la torre de la iglesia; la que se ve hoy es una reconstrucción de 1882, con la fecha mal grabada en el segundo "8". En el mirador del Castillo, donde D. Dinis mandó levantar la fortaleza que los franceses dinamitaron en 1810, el cartel de 2019 indica 470 metros de altitud — alguien borró el cero con spray.
Cazuelas de barro y vino tinto
La chanfana lleva siete horas en la cazuela de barro de Molelos — el horno de leña de Zé Manel aún funciona los sábados, pero ya no acepta pedidos para grupos de más de veinte. La carne viene del cabrito que Joaquim cría en Travanca de Lagos; el vino es el Quinta dos Carvalhais, servido a presión desde que el restaurante compró el sistema en 2022. El queso Serra da Estrela DOP es del casero que aún va cada día al cortijo de la Lapa, pero la manzana ya no es de la Beira Alta — la IGP expiró en 2020 y ahora compran en Celorico, más barato.
Memorias que viajaron lejos
El padre António de Andrade se bautizó en la pila bautismal que aún está a la entrada de la sacristía — el libro de registro muestra la entrada de 1580 en letra humanística. Partió hacia Roma en 1600 por la calzada romana que pasa por Ponte de Mucela; hoy es un carril mal señalizado en el GPS. El Geopark Estrela catalogó en 2020 las pizarras negras de la Foz de Vintém como "geositio de interés internacional", pero la placa explicativa que colocaron ya ha sido robada dos veces.
La tarde se arrastra. En el merendero junto al puente, el grupo de españoles que ha alquilado las casas del Casal con piscina está guardando las truchas de 25 cm — el límite legal, que el inspector de la APA verificó ayer. El Alva bajo deja ver las piedras del lecho; alguien ha tirado otra botella de "Vinho Verde" que no es de aquí.