Artículo completo sobre Lagares: la villa que Coimbra mandó a estudiar
Antigua sede judicial entre quejigares, fuentes y cabrito a la brasa
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La furgoneta de Beira Alta descarga cajas de manzanas ante la ultramarinos-cafetería. Son las nueve y media, el conductor ya va tarde, pero para el hombre que sale de la tasca no hay prisa: se intercambia información sobre el precio de la leche y el estado de las mieses. La fuente de la iglesia sigue corriendo como siempre —agua fría, piedra del siglo XVII, ningún adorno.
Lo que aquí fue
Lagares fue municipio hasta 1836. Tenía juez, notario, cárcel. El foral de 1514 le otorgó carta de villa, pero hoy solo el trazado de las calles y el ara romana encajada en la pared de la iglesia lo recuerdan. La Universidad de Coimbra dictaminaba aquí incluso las sentencias: por eso aún se dice «vete a estudiar a Lagares» cuando alguien se queja de la burocracia.
Dentro de la iglesia, dos santos resistieron a todas las remodelaciones: San Miguel del siglo XV (perdió la espada, ganó polvo) y San Sebastián de 1530 (flechas truncadas, mirada seria). En el atrio, las losas están sueltas: enganchar el zapato en el agujero es tradición local.
Agua, árboles y pasto
Se cuentan por decenas las fuentes: São João (1905), Feira (1928), Rossio (1950), Sardão, Copinho. Sirven para regar huertos, lavar trastos, quedar con gente. Junto al cementerio, el eucaliptal muere en pie; clasificado o no, el roble alvarinho da sombra a los perros de pastores que esperan al dueño en la plaza.
La altitud es 387 m: mieses de maíz, praderas para el ganado, pasto para los corderos que luego van al Forno da Ribeira. Senderos del Geopark atraviesan quejigares; perdices se levantan con los tiros del domingo. No hay playa, ni chiringuitos: hay el silencio que solo rompe el motor de un John Deere.
Mesa
Menú único: cabrito a la brasa de quejigo, caldeirada, feijoada de cabrito. Se acompaña con patata cocida y vino del Dão que empieza justo al sur de la carretera. Para acabar, requesón con dulce de calabaza casero —la calabaza viene de la huerta de al lado, la canela del supermercado en Tábua. En diciembre, quien tiene caña hace filhós; quien no, compra torrijas en la panadería.
Qué se hace después de las seis
La banda ensaya los miércoles en la sede de la asociación; el rancho ensaya los viernes. No hay romería desde 2019 (falta gente para cargar la imagen). El polideportivo tiene partidos de fútbol sala los sábados; el bar abre solo si hay llamada previa. El parque de cubos de granito está vacío a las siete, pero sirve de estrategia para aparcar el día de misa.
Cuando la campana da las seis, las ovejas vuelven solas al corral. La liebre que cruza la carretera nacional no espera a nadie: desaparece en la maleza antes de que aparezca el primer coche.