Artículo completo sobre Portela do Fojo-Machio
Aldea de Coimbra donde 122 casas de xisto guardan el eco de 73 almas y 120 quesos semanales
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El silencio que pesa
Aquí el silencio tiene volumen. No es ausencia de ruido, sino una presencia densa que se instala entre las 73 casas dispersas de la aldea de Fojo y las 49 de Machio. Solo lo interrumpe el ladrido del perro del señor António —el único vecino fijo de la calle de la Iglesia— o el roce de la puerta de madera de la antigua escuela, cerrada desde 1987 cuando sus últimos ocho alumnos partieron hacia el colegio de Pampilhosa da Serra.
La parroquia abarca 5.284 hectáreas entre el arroyo de São João y el arroyo do Fojo, con una densidad de 8,5 habitantes por kilómetro cuadrado. De los 452 empadronados en 2021, 273 superan los 65 años. Solo trece niños acuden a la ludoteca del Centro Social de la Santa Casa da Misericórdia, habilitado en 2019 en el antiguo edificio de correos.
Piedra sobre piedra
Las 122 viviendas de pizarra se alzaron entre 1923 y 1968, cuando el último morador de Cortiçosa terminó la casa que hoy ocupa la familia Gomes —los únicos que aún elaboran queso de cabra artesanal, 120 piezas semanales que venden directamente en Coimbra. Los muros de ochenta centímetros mantienen dieciocho grados dentro cuando fuera marcan tres bajo cero en enero, como ocurrió con la borrasca Filomena en 2021.
El camino de tierra que une Fojo y Machio mide 2,3 km y fue abierto en 1954 por la Comisión Reguladora de Servicios de Obras Públicas. Junto a él, el muro de contención en pizarra levantado por presos políticos durante la construcción de la Nacional 2 (1953-1961) aún muestra las iniciales «A.P. 1959» grabadas con un clavo.
El mínimo cotidiano
Los dos alojamientos rurales —«Casa do Xisto» y «Monte da Portela»— sumaron 147 noches en 2023, según Turismo de Portugal. Ninguno tiene televisión. La calefacción es de leña de la sierra, cortada en la finca del señor Joaquim, de 82 años, que aún usa el hacha de su padre, comprada en la herrería de Sobral de São Miguel en 1947.
No hay restaurantes, pero sí tres bares: el «Bar do Fojo» abre a las seis para servir café a los trabajadores de EDP que mantienen la línea de media tensión instalada en 1978; el «Café Central» de Machio ofrece el único plato del día —sopa de judías verdes con hilos de huevo, receta de doña Rosa, de 78—; y el «Bar do Cruzeiro», donde se reúnen los doce miembros de la tuna de Portela, fundada en 1993.
Cuando el sol se oculta tras el Caramulo a las 18.47 en diciembre, la temperatura cae siete grados en media hora. Entonces se encienden las 42 chimeneas de la parroquia, cada una con su leña apilada desde septiembre. El olor a pizarra caliente se mezcla con el humo del eucalipto y se comprende que aquí nada ha cambiado desde que el padre Cunha anotó por última vez 1.200 almas en los registros parroquiales de 1964.