Artículo completo sobre Cumeeira: queso Rabaçal y silencio de Coimbra
Penela esconde este pueblo donde el humo y el queso cuentan la hora
Ocultar artículo Leer artículo completo
El olor a leña sube por la ladera al caer la tarde. Aquí, en Cumeeira, los 250 metros de altitud no bastan para espantar el frío húmedo que se cuela en los valles cuando el sol se va, y las chimeneas se encienden pronto. Ochocientos cincuenta y siete vecinos —los conté en el registro de bautismos del párroco— repartidos en un territorio donde perder de vista el hilo de un reloj. Ochenta y cinco críos, el resto ya sabe lo que es una lumbalgia.
El queso que nació en el monasterio
El Rabaçal DOP no es originario de aquí, pero es aquí donde reposa. Debe el nombre al monasterio allá abajo, donde los monjes jugaban a la química con leche de oveja y cabra. Hoy son las caseras quienes siguen el juego: ordeñan a las seis, dejan que el cuajo haga el trabajo sucio y, veinte días después, obtienen una pasta que se deshace en la boca y huele a cuadra —en el buen sentido.
Si quiere verlo en acción, llame a la puerta del señor António: deja entrar a quien llega con las manos en los bolsillos y la curiosidad pintada en la cara. Lleve un blanco ligero de las Beiras para acompañar; el queso lo agradecerá y el señor António también.
Paisaje sin artificio
No hay carteles ni miradores con palo para selfies. Hay, eso sí, un montón de pizarra, un roble retorcido que hace de mojón y una bajada que lleva al arroyo donde el agua siempre está un grado por encima del hielo.
Quien viene de la ciudad cree que se ha perdido; quien anda por aquí sabe que perderse es el plan. Sigua a las vacas —ellas conocen el atajo al bar más cercano, que está en Penela. Son 12 km, pero el paisaje da para dos cafés y medio.
Silencio habitado
Las dos casas rurales ni siquiera tienen placa: una es la casa de la abuela de doña Lurdes, la otra un granero que Zé Manel convirtió tras perder la cosecha de 2012. Ambas tienen cocina de leña, manta en el sofá y un vecino que se ofrece a ir por el pan a las siete de la mañana.
La campana de la iglesia da las horas, pero es el olor a chorizo ahumado quien avisa cuando es Navidad. Vaya en cualquier época, lleve buen abrigo y deje el móvil sin cobertura. Al cabo de dos días ya sabrá el nombre de las cabras y entenderá por qué nadie se afana en asfaltar un carril nuevo.
Cumeeira no figura en los mapas de las grandes elecciones —y por eso merece la pena.