Artículo completo sobre Lavegadas: olivos milenarios y chanfana
Cruce de arroyos, aceite que pica y 250 olivos por habitante en Vila Nova de Poiares
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El murmullo del agua precede al arroyo. En Lavegadas, el paisaje se anuncia por el oído: el cauce que da nombre a la parroquia, el viento entre castaños, la campana que marca las horas para 174 vecinos. La luz matutina dibuja sombras sobre los muros de piedra que separan olivares de pastos.
Olivos que cuentan siglos
Más de 250 olivos por habitante. Muchos superan los 500 años, troncos ahuecados que aún producen, podados en “copa de sombrero”. El aceite es denso y pica. En la Quinta do Vale Pequeno, entre octubre y noviembre, se coge a mano: llame al 239 987 452 y reserve. El topónimo “Lavigatas” aparece en 960, por los lavaderos de ropa en el arroyo. Las mujeres lo usaban hasta los años cincuenta.
En el atrio de San Pedro
Iglesia del siglo XVIII, nave única, frontón triangular. El crucero de granito guarda inscriiones borrosas —se leen mejor al caer la tarde—. El 29 de junio, San Pedro: misa a las 11 h, verbena en el atrio con sardinas a 2 €. La víspera, la “queima do alho”: chicos con linternas cantan a las puertas. En la parroquia quedan solo 13 niños.
Chanfana y memoria
En el Tasco do Zé, los lunes toca chanfana: 8 €, vino incluido. Receta: cabrito marinado en vino tinto y colorau, cuatro horas de fuego lento. El “bolo de tacho” aprovecha el caldo: solo en invierno. En Semana Santa, el folar lleva canela y hierba-príncipe; cuesta 6 € en la panadería (7-13 h).
Senderos entre pizarra y agua
El Trilho da Ribeira arranca en la iglesia —señales amarillas—. Son 4 km hasta el molino del Pego, hoy centro de interpretación (entrada libre, fines de semana). Calzado con buen agarre: la pizarra resbala. El PR3 enlaza con Vila Nova de Poiares (12 km). En otoño, ojo con las ouriças en el suelo.
Al caer la tarde, en el atrio se juega a las trujas. El café de Zé sirve vino de la casa a 1 €. Cierra a las 20 h.