Artículo completo sobre São Miguel de Poiares: cal, judía verde y campanas de 1873
Pasea sus 20 km² de huertas amuralladas, iglesia dorada y silencio rotundo a las 7.30
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El asfalto de la Rua Dr. Ernesto de Paula cruje bajo los pies con el sonido del granito de Ançã, pulido por siglos de pisadas. São Miguel de Poiares se extiende a 256 metros de altitud, ondulando suave entre el arroyo de Poiares y la sierra del Bussaco, un territorio donde los pinos albar alternan con huertas amuralladas de pizarra, herederas de las antiguas minas de carbón de Val da Igreja. El silencio de la mañana se rompe a las 7.30, cuando el autobús de la AVIC (línea 42) baja hacia Coímbra con los chicos que estudian en la Escuela D. João III.
Entre monte y vega
Con 1299 habitantes en 20 km², São Miguel respira al ritmo de quien espera el octavo domingo después de Pascua para celebrar las Festas do Espírito Santo, una fiesta ligada a las antigas confradías del Imperio do Divino. La densidad —65 personas por kilómetro cuadrado— se traduce en quintales donde se cultiva judía verde para vender en la feria semanal de Poiares, que se monta cada viernes en la avenida Doutor Luciano de Sousa. Hay 351 mayores de 65 años y solo 155 menores de 14; por eso la casa parroquial mantiene abierto su centro de día, donde doña Alda sirve sopa de nabo a las 12.30.
Cal, piedra y devoción
La iglesia matriz de São Miguel, declarada monumento en 1982, tiene un campanario con dos campanas fundidas en 1873 en la antigua Fábrica de Ferreira de Aves. En su interior, el retablo de talla dorada de 1724 oculta la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, traída de Marrazes tras la quema del templo anterior por las tropas napoleónicas en 1810. En el atrio, un cruceiro de 1897 marca el punto donde la carretera nacional 17 se cruzaba con el Camino Real que subía hacia el puerto de Lajeosa. En la Rua da Igreja, el número 23 conserva aún el escudo de armas de los Pamplona, señores de la tierra hasta 1834.
Senderos que no aparecen en las guías
El Trilho do Xisto arranca en la escuela primaria, cerrada desde 2009, y asciende 3,2 km hasta Portela de Poiares, donde se divisa el corte de la autovía A13 que nunca se llegó a construir. Siguen mojones de granito con las siglas del ayuntamiento de Vila Nova de Poiares y la fecha de 1998. En el kilómetro 1,5, una encina centenaria lleva cenicros clavados donde los pastores dejaban los platos cuando bajaban del Curral de Vacas. Al atardecer, el mirlo acuático canta junto a la levada del arroyo, construida en 1953 para regar los tabacales de la Companhia Industrial de Fumos.
Dormir entre muros de pizarra
Hay seis alojamientos locales: en la Rua do Cabo, la Casa da Ladeira conserva la lumbre con cazos de hierro de la antigua panadería; en la Travessa do Hospital, la habitación 2 de la Casa do Lavrador mantiene el suelo de castaño de 1932. En el Largo do Chafariz, doña Odete sirve pan de centeno del horno vecino —abierto desde 1967— con dulce de calabaza de la Fábrica do Estoril, en Vila Nova. La jornada comienza a las 6.45, cuando don Antonio enciende el ahumadero de castaño detrás de la ultramarinos: el olor de la morcilla curada en sal de Setúbal se mezcla con el humo de las hojas de madroño que aún se recogen en el Outão.