Artículo completo sobre Santana: donde el Alentejo sabe a queso y silencio
Pueblo de 474 almas, olivar infinito y queso DOP entre Évora y Beja
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El sol pega de frente en las paredes encaladas. No hay ni una sombra. Santana se alza a 254 metros, en mitad de la ondulada planicie que media entre Évora y Beja. El horizonte se disuelve en el cielo. El blanco de las casas devuelve el calor. El silencio solo se rompe con un ladrido lejano o el motor de una furgoneta que levanta polvo en la pista de tierra.
Olivos y queso
4.195 hectáreas. Olivar a perder de vista. El aceite es DOP Alentejo Interior — prensado en frío, amargo al final de garganta. Hay tres queserías. El queso de Évora DOP madura sobre estanterías de madera: leche de oveja merina, pasta semidura, corteza natural. Huele a cuajo y a sal. El pan sale del horno a las 7 de la mañana en la panadería. A las 9 ya no queda.
Los rebaños pacen en los dehesas. Cordero del Bajo Alentejo IGP — carne tierna, asada en horno de leña con romero y orégano que se corta en los bordillos.
Población
474 vecinos. 131 tienen más de 65 años. 47 son niños. Las calles se vacían tras las 14 h. Persianas bajas. Los gatos duermen en los muretes. Solo hay un alojamiento: una casa rural con tres habitaciones. Reservar con dos días de antelación. No hay restaurante. Hay un bar que prepara comida si avisas antes.
Qué se come
Invierno: açorda de cilantro con huevo escalfado. Primavera: espárragos trigueros con panceta. Verano: migas con carne de cerdo. Vino tinto de talha — botella de 75 cl, 4 €. Lleva una botella vacía. El bar cierra a las 20 h. No hay cajero. El supermercado más cercano está en Portel, a 15 km.
Al atardecer, el viento trae olor a tierra seca. En la plaza, dos hombres juegan a las cartas. El naipé golpea la mesa de plástico.