Artículo completo sobre Redondo: vino de barro y luz de alcornoque
Pasea la Calle Real, cata vino de tinaja y prueba queso DOP en el Alentejo
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El primer ruido que se oye son las tinajas. Ni campanas, ni ladridos. Son las tinajas de barro en las bodegas que resuenan cuando se golpean con los nudillos. Dentro, el vino fermenta igual que hace dos mil años. Redondo despierta despacio, con olor a tierra mojada de viña y una luz anaranjada que tarda en subir. Aquí hay 17 personas por km². Más espacio que gente.
La curva que engaña en la Calle Real
Don Manuel I le dio carta de villa en 1518. Cuentan que durmió aquí en 1525. El rollo de justicia, en la plaza, aún muestra el escudo real. La Calle Real, a pesar del nombre, traza un giro de 180 grados: herencia medieval para despistar a los invasores. El empedrado es irregular y los muros encalados retienen el calor del día hasta la noche.
El castillo es de planta oval y torre del homenaje. Desde lo alto la planicie se funde con el cielo. La iglesia mayor, entre 1530 y 1550, tiene un portal renacentista que el tiempo ha teñido de color trigo. En su interior, el retablo de talla dorada devuelve la luz en fragmentos. En el atrio, tres cruces de término y un quiosco de hierro. Fuera de las murallas, la Capela de Nossa Senhora dos Mártires y la Ermita de São Brás marcan el camino al campo.
Capital del vino que duerme en barro
Redondo reúne unos 30 productores que aún emplean tinajas de barro. Técnica romana que nunca se interrumpió. El Museo del Vino, instalado en un antiguo convento, acaba siempre con cata de tres etiquetas: Trincadeira y Aragonez. En agosto y septiembre algunas fincas permiten pisar la uva los sábados. Almuerzo bajo alcornoques incluido.
La sopa de tomato lleva huevo escalfado y panceta de cerdo ibérico ahumada. El cordero se hornea con leña y hierbas del dehesa. El cocido de caza se cocina con vino tinto hasta que ya no sabes dónde empieza uno y termina el otro. El toucinho-do-céu pesa lo suyo en yemas. El queso de Évora DOP cura mínimo treinta días: se parte a mano sobre pan.
Papel, laurel y farolillos de aceite
Del 2 al 10 de agosto, las Ruas Floridas cubren fachadas con papel de colores. Competición vecinal desde 2004. El centro de interpretación enseña a doblar papel: hacen falta miles de pétalos para tapar una calle. El 15 de agosto, la procesión de Nuestra Señora de la Asunción recorre el antiguo recinto amurallado. En Cuaresma, los niños van con farolillos de barro y aceite.
La sierra a ocho kilómetros y las lagunas que aparecen y desaparecen
La Sierra de Ossa está a 8 km. La ruta suma 6 km hasta el Risco del Pueblo, a 478 m. Se ve todo el valle del Guadiana. La fuente de la Pipa invita a parar. La Ruta de los Molinos pasa por molinos de viento abandonados. Al sur, donde corre el Guadiana, flamencos y garzas llegan según las lagunas temporales se llenan o se vacían.
En la Alfarería Outeiro, el torno sigue girando. El sonido del barro mojado es el mismo que el de una tinaja al abrirse: soplos de tierra y fruta.