Artículo completo sobre Pardais: el eco de un cantero dormido
Iglesia, mármol y pájaros que dan nombre a esta aldea alentejana
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La plaza de la iglesia de San Blas está vacía a las tres y media de una tarde de febrero. El reloj de pared de la sacristía lleva treinta minutos retrasado desde 1987, cuenta el sacristán Antonio Celeste, de 78 años. La cal de la fachada, renovada en 1992 con mezcla cocida en el horno de cal de Montes Claros —hoy en ruinas—, devuelve la luz cruda con un blanco que cegó al pintor Rui Mário Dias cuando vino a restaurar el retablo en 2003.
Pardais es la única parroquia portuguesa cuyo nombre coincide exactamente con el del Passer domesticus. El topónimo viene del latín pardus, pero el padre José Fragata, párroco entre 1964 y 1998, aseguraba que los ancianos del lugar ya llamaban “pardais” a los pájaros antes de saber leer. Con 26 habitantes por km² —según el censo de 2021, 457 personas en 17,58 km²—, sobra espacio para que los sonidos circulen sin interferencias. Hasta el tractor de Joaquim Palma, el único que aún baja a las canteras, está aparcado desde 2018 por falta de encargos.
Mármol, pizarra y talla dorada
El retablo barroco en talla dorada data de 1743. Costó 28.500 reales a los vecinos, según el libro de cuentas parroquial consultado por Rosa Martins en 1987 para su tesis sobre la talla alentejana. Los 14 azulejos con motivos de aves, colocados en 1889 tras el terremoto de 1858 que resquebrajó el muro norte, llegaron en la carreta del alfarero Manuel Ruivo, de Redondo.
Las canteras de mármol de Pardais —Santa Bárbara, Fonte Soeiro y Azenha Cimeira— están inactivas desde 2004, cuando cerró Mármoles del Alentejo. Allí se extrajeron bloques para el Palacio de Belém en 1942 y para el suelo del Museo del Mármol, inaugurado en 1987. Las marcas de los cinceles manuales —“picos de tres libras”, dicen los veteranos— aún se ven en los cortes verticales de Fonte Soeiro, donde José “El Chico” extraía solo 12 metros cúbicos al mes en los años 70.
A la mesa, Alentejo interior
En la tasca “O Cantinho”, abierta en 1983 por Maria do Céu y cerrada en 2019 cuando cumplió 75 años, se servía açorda de cilantro con huevos de la gallina “Pintadinha” —así se llamaba la única negra del gallinero. El estofado de cordero lleva siempre 7 dientes de ajo, medida que Doña Agustina, cocinera en la Casa Agrícola entre 1956 y 1992, aprendió de su madre. El queso de Évora DOP que se come en Pardais viene siempre de la Quesería de Redondo, comprado los miércoles en el mercado de Estremoz. El aceite es del lagar cooperativo de Borba, donde 23 de los 45 productores de la parroquia entregaron aceituna en 2023.
Camino entre piedras y pájaros
El tramo de la Ruta del Mármol que pasa por Pardais tiene 4,3 km. Fue señalizado en 2018 por João Luís Carrilcho, natural del lugar, que colocó 27 hitos de pizarra con iniciales grabadas. En el km 2,1, el pozo de Fonte Nova tiene 14 metros de profundidad —medidos en 1974 por Antonio Rosa con una cuerda de tres vueltas—. Allí siguen yendo 8 familias a por agua, aunque la canalización llegó al lugar en 2001.
A las cinco y cuarenta y cinco, cuando el autobús de la línea 783 (Vila Viçosa-Pardais-Estremoz) pasa sin parar —no lleva viajeros desde 2019—, el mirlo que anida en el alcornoque de Fonte Nova canta siempre tres notas iguales. En la plaza, el sacristán cierra la puerta de la iglesia con la llave de hierro forjada en 1832, tras comprobar que el reloj se ha vuelto a parar.