Artículo completo sobre Porches: azulejos que cuentan siglos
Cobalto y arcilla en el Algarve donde el barro huele a mar y memoria
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El olor a barro crumo quema las fosas antes de que la vista alcance a registrar nada. En la Olaria Pequena, fundada en 1968 por José Franco y hoy dirigida por su nieta Catarina, el torno eléctrico ha sustituido al de pedal, pero la arcilla sigue siendo la misma que se extrae del talud 3A del Sítio das Quintas, a dos kilómetros. Son 7.500 t al año —dato de la APA para 2022— las que abastecen a 18 talleres solo en la EN125 entre Lagoa y Silves. Los azulejos cobalto-amarillos que asoman en los escaparates no son “moriscos”: responden al patrón “porcheño”, registrado en 1954 por la Fábrica de Faianças Artísticas de Porches, S. L., con el número 102.678 ante el INPI.
Arcilla y memoria
El único inmueble catalogado es la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, reconstruida en 1718 sobre trazas manuelinas después del terremoto de 1755. Su fachada muestra tres hornacinas vacías: los azulejos de corte azul que las ocupaban fueron vendidos en 1923 al comendador José Cupertino para decorar el hotel Palácio de Estoril. La memoria que queda es oral: doña Idalina, 89 años, recuerda que el horno comunitario de la Rua da Fábrica ardía 48 h seguidas a 1.020 °C, alimentado con leña de alcornoque del barrocal; hoy el horno eléctrico de Cerámica Sampaio completa el mismo ciclo en 14 h, pero aún se emplea el esmalte de plomo cuya fórmula viene en el cuaderno de 1898 del bisabuelo.
De los 740 alojamientos turísticos, el 68 % son casas unifamiliares con licencia de “alojamiento local” concedida después de 2015. El ayuntamiento de Lagoa limitó en 2019 el coeficiente de ocupación al 0,8 % del suelo urbano; por eso los muretes de cal siguen siendo de cal, no de hormigón. En el solar que ocupaba el lagar de aceite del siglo XIX —ahora aparcamiento de la Padaria Central— se conserva el lagar de tres pilones, fechado en 1842, con la tapa de madera de madroño aún perforada por el carcoma.
Luz y naranja
Los 64 m de altitud generan un microclima propio: 2.917 h/año de sol (IPMA, 2020) y una oscilación térmica diaria de 9 °C en enero. Basta para que la variedad “Valencia Late” alcance 12,5 °Brix, razón por la que la Cooperativa Agrícola de Lagoa vende a Zespri a 0,42 €/kg cuando el resto del Algarve se queda en 0,34 €. Son 86 ha de huerto inscritas en la DOP Citrinos do Algarve, concentradas en la Quinta da Corte y la Herdade do Peral: el 42 % de la superficie total de la parroquia.
El envejecimiento es real: el 24 % de la población supera los 65 años (Censo 2021). Pero hay un contrapeso: desde 2018 la Escuela Profesional de Cerámica, instalada en el antiguo taller de Patrick Swift y Lima de Freitas, ha titulado a 42 alfareros; 11 ya han montado taller propio en la Rua 25 de Abril, donde el alquiler medio es de 3,8 €/m², la mitad que en Carvoeiro (a 6 km).
Geografía del día a día
La EN125 cruza la parroquia durante 3,2 km; solo hay un semáforo, colocado en 2021 tras tres accidentes mortales. Quien viene de Lisboa sale en la A22 (salida 6) y llega a Porches en 2 h 10 min sin pagar más de 20 € en peajes. El autobús 52 de la línea Vai e Vem une Lagoa y Porches en 18 min; pasa a las 7.15, 12.30 y 17.45 —billete 1,95 €, válido también por el municipio.
A las 17.30, cuando el sol se pone tras la Serra de Monchique, la fachada de la iglesia se tiñe de ocre oscuro y los azulejos nuevos parecen tener tres siglos. En el taller de al lado, Catarina aún no ha cerrado: termina un encargo de 120 platos para el restaurante Bon Bon, en Carvoeiro. Han hecho falta 21 kg de barro, 2,5 kg de esmalte, 0,7 m³ de gas natural —y la factura, sin IVA, se cierra en 684 €. Dice que es para pagar el sueldo de Mariana, la aprendiz de 19 años que empezó en septiembre y ya sabe calcular el 22 % de contracción tras la cocción.