Artículo completo sobre Quarteira: sardinas al amanecer entre la Ría Formosa
Pasea su mercado de mar antes de las nueve y prueba la dorada en la arena
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El primer ruido no es el de las olas. Es el motor de una barca de pesca que regresa al amanecer, un zumbido grave que se mezcla con el graznido de las gaviotas. La luz aún rasante tiñe de rosa la espuma que rompe en la arena apisonada. Flota en el aire un olor denso a sal y algas recién expuestas al sol naciente.
Quarteira se despierta pronto porque el mar no espera. A escasos cuatro metros sobre el nivel del agua, esta localidad de 24 420 habitantes se extiende en una llanura casi absoluta donde el océano no es paisaje, sino oficio.
El foral, el latín y las cuatro partes
El nombre viene del latín quartarius, en alusión a una división en cuatro partes. El poblamiento se remonta a la época romana, cuando este tramo de costa pudo corresponderse con la antigua Carteia. Dionis de Portugal otorgó foral el 15 de noviembre de 1297. La parroquia alcanzó autonomía administrativa el 25 de enero de 1916. En 1984 fue elevada a villa; en 1999, a ciudad.
El mercado antes de las nueve
Entre en el Mercado de Pescado antes de las nueve. El edificio toca el mar, y el producto que se alinea en las gradas aún brilla. Sardinas de lomo azul oscuro amontonadas en cajas bajas; gambas translúcidas que aún mueven las antenas; pulpos de piel violácea. Los vendedores cantan precios sin alzar la vista de las manos que pesan y envuelven en papel marrón.
Aquí empieza la cadena que acaba en las mesas: la sardina asada sobre brasas al atardecer, la cataplana de pescado, la caldeirada algarvia, el pulpo al horno con piel crujiente. De postre, Dom Rodrigo o Morgado de Lagos.
El paseo marítimo y los pinos
La Avenida Infante de Sagres funciona como paseo peatonal y carril bici. A la derecha, la playa de arena dorada; a la izquierda, bloques de apartamentos —4 600 viviendas registradas—. Aléjese unos pasos para hallar pinos mansos con sombra fresca. Al fondo, el recorte lagunar del Parque Natural de la Ría Formosa.
Vilamoura y la fuente que cura
En la zona de poniente, la Marina de Vilamoura. El mayor complejo turístico privado de Europa y uno de los puertos deportivos clave del Algarve. Junto a la dársena, la Estación Arqueológica del Cerro da Vila expone restos romanos.
A la salida hacia Almancil, la Fonte Santa. El agua discurre discreta entre el tráfico, pero siempre hay alguien que deja una botella apoyada en el caño.
Los miércoles, el mercadillo ocupa un descampado con puestos de fruta, ropa, herramientas. El olor a cilantro se mezcla con el plástico recalentado. Es un Algarve que no sale en las postales, pero sostiene el día a día de un pueblo donde 4 900 vecinos superan los 65 años.
El campo de golf y la otra Quarteira
Los campos de golf de Vilamoura se dibujan sobre césped de un verde casi irreal. Es la otra cara de la parroquia: internacional, planificada. Pero, incluso aquí, la brisa trae sal.
Por la noche, cuando el paseo se llena de pasos pausados, el sonido que queda es el de las olas —rítmicas e insistentes— lamiendo la arena que mañana volverá a recibir las cajas de pescado.