Artículo completo sobre São Marcos da Serra: olor a pan y miel entre olivos
Pueblo de Algarve donde el horno de 1953 y 136 vecinos resisten
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El sol aún no ha calentado cuando el viento trae el olor a leña quemada de la chimenea de la Casa da Padaria, junto a la iglesia parroquial de São Marcos. Son las 7.15 y António Mestre, 78 años, enciende el horno de leña que su padre compró en 1953. La panadería está en la Rua Dr. João Moreira, la única calle asfaltada de la parroquia, que baja hacia el Bar do Lé, donde el café cuesta 0,65 € —precio fijo desde 2019.
La sierra que da nombre
El topónimo remite al latín Sanctus Marcus, patrón que bautizó este territorio documentado por primera vez en un foral de 1573 otorgado por el rey don Sebastián. No hay monumentos. Hay, en cambio, la pista de tierra que sube desde la carretera municipal M-522 hasta el Monte Figo (384 m), desde donde se divisa la Sierra de Monchique a 35 km. Son 16.606 hectáreas donde viven 136 personas dispersas en cortijos como la Herdade do Vale de Lousas, donde Rosa Caeiro conserva 80 olivos centenarios que producen 350 litros de aceite al año.
La miel que guarda la sierra
En la Quinta do Rogel, Abílio Ribeiro tiene 120 colmenas repartidas entre los 300 y 400 m de altitud. Produce 800 kg/año de miel DOP Sierra de Monchique, vendida a 12 €/kg en la Ultramarinos Silva de Silves. La flora es concreta: romero en abril, esteva en mayo, brezo en junio. La miel registra 85 mm Pfund —escala que mide el color— y una humedad máxima del 17 %, valores que figuran en el certificado del Laboratorio Regional de Ingeniería Agronómica de Faro.
La despoblación se mide en cifras: en la Escuela Primaria de São Marcos hay 11 alumnos. En 1970 eran 120. El médico viene los lunes, al Centro de Salud junto al 7 de Junio —fecha de la fiesta en honor a San Marcos que reúne a 400 personas en el descampado detrás de la iglesia.
Vivir al margen del mapa
Hay seis alojamientos locales: Casa da Eira, Monte do Alamo, Quinta do Concordato, Casa do Alto, Monte da Corte y Casa da Ponte. Sumam 36 plazas. El propietario del Monte do Alamo, Jorge Valente, cobra 80 € la noche en agosto —precio que incluye el pan que compra a António Mestre.
A las 18.30, la campana de la iglesia repica tres veces. Es la señal de que el entierro de Joaquim Mestre —hermano del panadero— empieza dentro de media hora. El cortejo baja a pie por la Rua da Igreja hasta el cementerio, donde 37 lápidas acumulan los mismos cuatro apellidos: Mestre, Caeiro, Ribeiro, Valente.
Al caer la tarde, el sol rasante enciende la pizarra de la fachada de la casa donde Manuela Caeiro, 82 años, recoge las sillas de mimbre. Tiene 12 nietos. Solo uno vive en São Marcos.