Artículo completo sobre Luz de Tavira: flor de sal y faro en la ría
Entre almacenes decimonónicos y el Cabo de Santa María, la luz nace del mar
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La luz de la mañana recorta los perfiles de los almacenes de sal junto a la Ría Formosa. La bajamar deja al descubierto los canales por donde el agua se retira lentamente, dejando manchas de fango gris y verde donde los flamientos caminan a cámara lenta. El aire trae el olor metálico de la marisma, mezclado con el perfume dulzón de las salinas donde la flor de sal cristaliza en la superficie —un blanco tan puro que duele en los ojos cuando el sol incide de frente. Luz de Tavira respira por la ría, por el mar que iluminó su nombre desde los tiempos en que «Luz de Mar» designaba esta franja costera donde se alzaban los almacenes de pesca y las salinas que, en el siglo XIX, exportaban flor de sal a Inglaterra y Países Bajos a través de la Compañía de Sal de Tavira.
La parroquia nació en 1997 de la unión de Luz y Santo Estêvão, pero la ocupación humana se remonta al periodo al-mansur (siglo X), cuando los árabes ya explotaban los campos de secano y las lagunas para la pesca. En los siglos XVII y XVIII, el atún y la sal dictaban la economía local —el primero a través de la armação de atún que operaba de abril a agosto, el segundo vía exportación al norte de Europa. Hoy, los almacenes decimonónicos de la Compañía de Sal permanecen junto a la ría como testigos mudos de cuando 600 toneladas de sal blanco partían anualmente hacia Ámsterdam. La iglesia matriz de Luz, reconstruida tras el terremoto de 1755, guarda un retablo barroco de 1763 y la imagen de Nuestra Señora de la Luz que, según la tradición, fue traída por pescadores de Gibraltar en 1644. La ermita de Santo Estêvão, del siglo XVI, conserva un altar manuelino restaurado en 2018, nave única de 12 metros de longitud, paredes encaladas con cal y arena donde la luz entra oblicua por las rendijas.
El extremo sur del continente
La parroquia posee el punto más meridional del continente portugués: el Cabo de Santa María, en la isla de Tavira, donde se alzó el faro en 1851 que da nombre al extremo sur. Llegar implica barco desde Quatro-Águas —no hay carretera, solo agua y arena, 12 minutos de travesía. La playa de Terra Estreita, accesible también solo por barco desde Santa Luzia, tiene apenas 72 metros de anchura en pleamar. Cuando el mar sube, la franja de arena casi desaparece, engullida por la ría de un lado y por el Atlántico del otro. Las islas de Tavira y Cabanas se dibujan paralelas a la costa, arenas blancas que cambian de forma según las mareas y las tormentas de invierno —en febrero de 2020, la tormenta Ciara redujo la anchura de Terra Estreita en 15 metros. En la marisma, el avoceta (Recurvirostra avosetta) y el flamenco común (Phoenicopterus roseus) se alimentan en los canales, mientras que las 24 salinas tradicionales de la zona, hoy reducidas a 8 en funcionamiento, sirven como zona de descanso para aves migratorias que cruzan el Mediterráneo.
El sendero peatonal de la Laguna de Santa André recorre 5,2 km entre pomares de cítricos y olivares centenarios, pasa cerca de las ruinas de los tres molinos de viento que molerían cereales hasta 1952. El «camino de los molinos» es hoy un recorrido silencioso, donde se oye el crujir de las hojas y el canto lejano de las cogujadas. La ecovía del Algarve atraviesa la parroquia en línea recta durante 7,3 km, asfaltada y plana, ideal para bicicleta, con miradores sobre la ría donde se puede parar y observar el ir y venir de los barcos de pesca que parten a las 6h30 hacia los golfos.
Sal, pescado y memoria
La caldeirada de pescado de la Ría aúna lubina de estero, mojarra, coquina, almeja, tomate de la huerta y menta brava en una cazuela de barro de Estremoz que hierve despacio durante dos horas. El arroz de coquina lleva el molusco entero, con concha, cocido en el caldo donde se siente el mar —receta registrada por Maria dos Prazeres, pescadora de Santa Luzia, en 1963. El pulpo a la lagareiro procede de la pesca local —capturado con nasas de verga en las rocas del Cabeço, cocido en agua de mar y sal grueso, asado en horno de leña con patatas antonas a porrazo y regado con aceite gallego de 2023. El xerém de berberecho es un plato denso, amarillo, donde los granos de maíz se mezclan con el marisco —tradición que se remonta a las hambrunas de 1917-1918, cuando el maíz sustituía al trigo. Los «luzitos», dulce de yemas creado por las monjas del extinto convento de Santo António en 1897, y los bolinhos de almendra y miel aparecen en las fiestas religiosas y en las mesas de Navidad —cada familia guarda su secreto: unas ponen canela, otras ralladura de naranja.
El primer domingo de mayo, la romería de Nuestra Señora de la Luz llena la plaza de la iglesia de 800 personas, música y 150 cohetes. La procesión recorre las calles desde las 10h30, seguida de misa campestre y verbena popular donde se venden 5000 farturas. El 26 de diciembre, Santo Estêvão se celebra con bendición de los campos a las 9h y degustación de dulces conventuales en la casa parroquial. El 5 de enero, la cabalgada de los Reyes Magos atraviesa Luz y Santo Estêvão con cánticos tradicionales que Maria da Luz Almeida, maestra de la escuela primaria entre 1919-1954, registró en cuadernos hoy guardados en el Museo de Tavira. En verano, la Fiesta del Mar trae demostraciones de artes de pesca del pulpo y caldeirada servida en 30 cazuelas de cobre, compartidas por 600 personas en el Muelle de Quatro-Águas.
Al caer la tarde, cuando la luz rasante incendia las salinas y el sal brilla como vidrio roto, el barco regresa despacio por los canales de la ría. El motor se apaga, dejando oír solo el chapoteo del agua contra el casco de pino bravo y el grito de una gaviota cabecigrís que sobrevuela la isla. El faro del Cabo de Santa María se enciende a las 20h42, primer destello de la noche, marcando el sur absoluto del país.