Artículo completo sobre Vale de Azares: queso y leyenda en la Serra
Entre olivares y cuajo, el pueblo que perfuma la montaña con leche y aceite
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Habitantes: 328
Altitud: 511 m
Distrito: Guarda
Municipio: Celorico da Beira
El son de la banda de música atraviesa el valle al caer la tarde: notas sueltas de un ensayo que rebotan en las laderas de cultivo. Vale de Azares se extiende a 510 metros de altitud, entre olivares en bancales y huertos de manzanos, en el flanco norte del Parque Natural de la Serra da Estrela. El granito de las casas absorbe el calor de la tarde y lo devuelve despacio mientras el aire enfría. Aquí viven 328 personas, muchas vinculadas a la pequeña industria láctea que genera más de veinte empleos: el olor al cuajo y a la leche fresca flota por las calles del núcleo, mezclado con el humo de las chimeneas en invierno.
Del Valle de las Flores a los Azares
La parroquia antaño se llamaba Vale de Flores, pero una leyenda local moldeó el nombre actual. Cuentan que un hidalgo vio desmoronarse su familia tras sucesivas tragedias y bautizó el lugar con la sombra de la mala suerte. Otra versión, menos dramática, apunta a una capilla mariana que el pueblo llamó Senhora dos Azares. Lo que sí se sabe es que sus vecinos son conocidos regionalmente como «basófias», apodo que llegaron a adoptar con humor en el periódico local O Basófias, hoy desaparecido. El Solar dos Amarais, que pertenecía a la parroquia, fue desmontado piedra a piedra y reconstruido en la vecina Lageosa do Mondego; solo queda la memoria de un pasado señorial.
Queso, aceite y las manos que los hacen
La gastronomía de Vale de Azares se sostiene en la olivicultura y la ganadería. El aceite DOP de Beira Interior fluye espeso y dorado en los lagares artesanales; la parroquia llegó a organizar en 2019 un Festival del Aceite que celebró los olivares que trepan por las laderas. En la quesería local se elaboran quesos de montaña, requesón y derivados con leche de oveja que pasta en los campos altos, algunos certificados como Queijo Serra da Estrela DOP y Requesijão Serra da Estrela DOP. El cordero lechal Serra da Estrela DOP y el cabrito de Beira IGP entran en las cazuelas entre octubre y noviembre, cuando se sacrifica el cerdo y los embutidos cuelgan en los ahumaderos. La miel artesanal, espesa y ámbar, completa una despensa que se basta por sí sola.
Altitud y silencio
La cota sube deprisa hacia el sur. Quien recorra la senda que parte de la aldea de Prados hacia los campos de altitud atraviesa brezales y jarales y gana más de quinientos metros hasta superar los mil. Arriba, el mirlo acuático y el zorzal roquero ocupan los afloramientos graníticos. El paisaje se abre sobre el valle del Mondego y el silencio solo se rompe con el viento. La parroquia integra también el trazado de la Vuelta a Portugal por etapas para jóvenes, ofreciendo a los ciclistas rampas exigentes y amplias panorámicas sobre la Beira Interior.
Lo que aún resiste
La cestería tradicional en láminas de castaño sigue viva en manos de algunos artesanos. Las piezas —cesto de mimbre, espuerta, criba— nacen del gesto repetido, de la madera flexible que se dobla sin romper. La banda de música, activa desde hace más de treinta años, ensaya cada semana y actúa en las fiestas de la comarca. En verano, la fiesta popular reúne a quien se marchó y a quien se quedó, llenando las calles de voces y olor a sardina asada.
El sol poniente alarga las sombras de los olivares y el granito de las casas enfría despacio. A lo lejos, el eco de una corneta suelta una nota larga: ensayo que se prolonga hasta que la luz muere del todo en el valle.