Artículo completo sobre Vila Cortês da Serra: el silencio que sabe a queso
Pastos de la Serra da Estrela donde nace el queso DOP y el cordero que se deshace en chanfana
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El asfalto se estrecha entre muros de pizarra serpenteando por la ladera suroeste de la Serra da Estrela. La carretera municipal que conduce a Vila Cortês da Serra asciende despacio, surcando valles donde arroyos murmuran antes de desembocar en el Mondego. Al fondo, entre castañares y pastos ralos, el caserío aparece casi discreto, como si quisiera preservar el silencio de sus 202 vecinos. El aire huele a tierra húmeda y lana de oveja — señales de que aquí, a 446 metros de altitud, el territorio aún responde al ritmo ancestral del pastoreo.
Tres geografías en una
Vila Cortês da Serra pertenece al mismo tiempo al Parque Natural de la Serra da Estrela, al Geoparque Estrela de la UNESCO y a la región vinícola del Dão. Esta triple filiación no es casual. La lo confiesa: matorral de romero y brezo cubre las laderas que el viento modela, mientras las veredas trashumantes suben hasta los altos pastos. El granito aflora en bloques pulidos por la glaciación cuaternaria, testimonios geológicos que el Geoparque interpreta en rutas sobre el trabajo del hielo y el tiempo. En los claros, orquídeas silvestres brotan en primavera vigiladas por buitres leonados que planean en círculos lentos sobre los valles.
Queso y cordero: sabor de sierra
La gastronomía de Vila Cortês da Serra es inseparable del pastoreo. El queso Serra da Estrela DOP, elaborado artesanalmente con leche de oveja bordaleira, llega a la mesa aún mantecoso, con esa textura untuosa que se derrama sobre la broa. El requesón Serra da Estrela DOP le acompaña, sobre todo en el desayuno, junto a miel de montaña. El cordero Serra da Estrela DOP se sirve en chanfana — cocido lentamente en vino tinto hasta que la carne se deshace — o asado con aceite DOP de la Beira Alta, una de las dos variedades locales (la otra es la de la Beira Baixa). El cabrito de Beira IGP, otra especialidad, armoniza con los tintos y blancos del Dão, cuyas viñas bajan hasta el límite de la parroquia.
Silencio festivo, presencia física
Curiosamente, Vila Cortês da Serra no celebra fiestas patronales conocidas. Este silencio en el calendario de romerías de la Guarda contrasta con la intensa presencia física del lugar. Es una parroquia que se vive más que se celebra: en las sendas que suben a los pastos altos, donde la mirada alcanza la cresta de la sierra; en los queserías locales, donde se prueba el queso fresco antes de su curación; en los picnics bajo los castaños, donde el único sonido es el gorjeo de las aves y el crujido de las hojas. La fauna incluye el gato montés y la comadreja, presencias escurridizas que rara vez se dejan ver, pero habitan los matorrales densos y las orillas de los arroyos.
Dormir y comer
Hay tres casas rurales en la parroquia. La más antigua es la Casa do Lavrador, rehabilitada en 2018, con dos habitaciones y cocina equipada. Reservar con antelación es obligatorio: no hay recepción. Para comer, la única opción es el restaurante O Casarão, abierto de viernes a domingo. La carta es breve: chanfana de cordero o cabrito asado, acompañados de patatas cocidas y vino del Dão. No hay menú: se pregunta qué hay el día.