Artículo completo sobre Moimentinha: queserías y silencio en la Beira
Pueblo de 173 habitantes con cuatro sellos gastronómicos DOP entre robles y viñedos
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El olor a leña sube del pueblo al caer la tarde, mezclado con el aroma de castañas asadas que se escapa de algún horno invisible. Moimentinha se extiende sobre el altiplano a 564 metros, donde los campos de secano se alternan con viñedos en bancales bajos y bosques de roble que puntean el paisaje ondulado. El silencio aquí tiene peso: solo lo rompe el ladrido lejano de un perro o el viento que barre los 667 hectáreas de esta parroquia donde viven 173 personas. Los mismos 173 que terminas saludando si te quedas más de un día.
Cuando el nombre guarda la memoria del grano
El topónimo se remonta al siglo XVI y deriva de «moimenta», palabra que alude a antiguas molerías donde se molturaban cereales. La actividad cerealista moldeó durante siglos la economía local, dejando huella en la toponimia y en la estructura agraria. Integrada en el término de Trancoso —villa estratégica en la Edad Media—, Moimentinha sirvió como punto de abastecimiento entre el altiplano de la Beira y la vertiente occidental de la Serra da Estrela. La viticultura y la ganadería, que aún hoy dominan el paisaje, acompañaron esa evolución histórica y siguen marcando el ritmo del pueblo. El mismo que hace que el bar abra a las ocho y media, porque antes el dueño tiene que ordeñar.
Cuatro certificaciones europeas en ciento setenta habitantes
La densidad de productos DOP e IGP por habitante coloca a Moimentinha entre las localidades más «gastronómicamente certificadas» del país. En las queserías artesanas —hay dos, no tres como dicen algunos mapas— la cuajada se remueve en cazos de cobre y el queso Serra da Estrela madura sobre tablas de madera, untuoso e intenso. El requesón de la misma procedencia acompaña el pan aún caliente. La castaña de los Soutos da Lapa entra en sopas espesas de invierno, bizcochos densos y asados al fuego. El cordero de leche Serra da Estrela y el cabrito de la Beira llegan a la mesa en estofados lentos o asados a la brasa, con patata y grelos. El vino tinto de la región Beira Interior —robusto, de maduración lenta— cierra la comida con la acidez justa para cortar la grasa de la carne. Todo eso si avisas con antelación, porque aquí nadie corre.
El camino que cruza el altiplano
Moimentinha forma parte del Camino Interior de la Peregrinación a Santiago, también conocido como Vía Lusitana. Los peregrinos que atraviesan el interior hacia Compostela encuentran aquí un punto de descanso con amplias vistas sobre el altiplano y la posibilidad de pernoctar en casas donde la cocina regional sale de hornos de leña. La Ruta del Vino de la Beira Interior pasa cerca, permitiendo catas en quintas donde los tintos ganan cuerpo en barricas de roble. En otoño, las magustas comunitarias marcan la recogida de la castaña: el pueblo se reúne en torno al fuego y al fruto asado. Es entonces cuando empiezan a aparecer los emigrantes, llenos de historias de Francia y de añoranzas que no cuentan.
Lo que se queda entre los dedos
Al final del día, cuando la luz rasante ilumina los bancales y los robles proyectan sombras largas sobre los campos, el pueblo cobra contornos casi gráficos. El frío húmedo de la altitud empieza a instalarse, y de las casas vuelve a escaparse el olor a leña. Queda la sensación táctil del queso untuoso entre los dedos, el calor de la castaña en la palma de la mano, el peso del vino tinto en la copa de cristal grueso —pequeñas materialidades que definen Moimentinha mejor que cualquier mapa. Y sobre todo queda la ganas de volver, porque aquí nadie te trata como turista. Te tratan como quien puede servir para desencallar un tractor o para contar una noticia de Viseu que aún no ha llegado.