Artículo completo sobre Vila Garcia: el pueblo donde la piedra canta
Entre el río Seixo y el Massueime, 186 almas guardan quesos y capillas conectadas por puertas secret
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El granito resuena. No es una metáfora: basta golpear el Sino dos Mouros, un peñasco a un kilómetro de Vila Garcia, para escuchar tres notas distintas según la cavidad que se toque. La piedra se alza en el camino de tierra que sube al monte de São Pedro, el mismo lugar donde se excavaron tumbas antropomórficas, prueba de una ocupación anterior al siglo XII.
A 567 metros de altitud, entre el río Seixo y el Massueime, viven 186 personas. Nueve tienen menos de catorce años; noventa y cinco, más de sesenta y cinco. La escuela cerró hace dos décadas.
Donde pastan los rebaños
El río Seixo nace en la Serra da Estrela y atraviesa campos donde pacen las ovejas del Borrego Serra da Estrela DOP y los cabritos de la Beira IGP. Los puentes romanos y medievales siguen en uso: el de Pedra Má, en Vale do Seixo, recibe a quien viene de Moreira de Rei; el de Vila Garcia conecta con la EN16. Ambos forman parte del Caminho Interior da Via Lusitana, ruta de peregrinación a Santiago que pasa aquí antes de subir hacia Trancoso.
Una capilla dentro de casa
En Vila Garcia, la capilla de Nossa Senhora das Necessidades se comunica con la casa solariega de los Carvalhos a través de una puerta interior. Construida en 1756, conserva la pintura original en el techo: ángeles barrocos que se desconchan. La romería se celebra el 15 de agosto: procesión a las nueve, misa al mediodía, comida comunitaria a la una en el patio de la antigua escuela. Hay que llevar mesa y silla.
Qué se come
El queso se hace en casa: basta pedírselo a doña Alda, tercera casa a la derecha al entrar en Vila Garcia. Tiene Serra da Estrela DOP y requeijão, 12 €/kg. La castaña de los soutos da Lapa DOP se vende en octubre en la feria de Trancoso. El restaurante O Cantinho do Colibri, en la EN16, sirve chanfana solo los sábados: hay que reservar, 271 811 234.
Mirador sin señales
Desde el monte de São Pedro, a veinte minutos andando desde el centro de Vila Garcia, se ve el valle del Seixo hasta la Torre. No hay infraestructuras: solo un mojón geodésico y el viento. Llevar chaqueta, incluso en julio.
Cuando se pone el sol, el Sino dos Mouros vuelve a sonar. Es João del café quien sube a golpear la piedra antes de cerrar: dice que trae lluvia.