Artículo completo sobre Jardim do Mar
Un pueblo colgado entre viñedos de Tinta Negra y el Atlántico rugiente, con 215 almas y 11 hectáreas
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La calzada baja en peldaños irregulares, pulida por décadas de pisadas entre la plaza del Pozo y la calle Padre Gonçalo de Carvalho. El mar golpea la base del acantilado con un ritmo que se siente en los cimientos de las casas: un latido que sube por la piedra basáltica y por los muros encalados de blanco hueso. Aquí, en Jardim do Mar, sus 215 vecinos conocen cada variante de ese sonido.
La parroquia se alarga más hacia arriba que hacia los lados, atrapada entre el nivel del mar y los 184 metros de altitud máxima en la Lombada do Sitio. Las casas se acomodan a la lógica del terreno: estrechos rellanos donde caben dos o tres viviendas, escaleras que bordean muretes de piedra suelta, huertos de 4×4 metros colgados sobre el vacío. El verde de la Laurissilva empieza justo encima de las últimas casas del Caminho do Piazo, una masa de laureles y viñedos que marca donde acaba el tejido urbano.
Piedra, sal y vid
De los 215 residentes, 59 superan los 65 años. La escuela cerró en 2009, cuando solo quedaban tres alumnos. Las viviendas más antiguas, levantadas entre 1900 y 1940, conservan puertas de madera pintadas de azul o verde agua, desgastadas por la sal que el viento arrastra desde la bahía.
El viñedo ocupa 11 hectáreas en bancales que descienden desde la carretera ER229 hasta las primeras rocas. Cada familia cultiva de media 0,3 hectáreas de uva Tinta Negra y Sercial. El canto blanco de los muros procede de la cantera de la Lombada, abandonada en 1983 cuando falleció, con 78 años, el último cantero, don António de Castro.
Parque Natural y océano
Jardim do Mar forma parte del Parque Natural de Madeira desde 1982. La ER229 marca el límite superior de edificación; más arriba, solo quedan los molinos de agua de la Levada do Moinho, construidos en 1867 y aún visibles en el kilómetro 3,2 de la carretera.
La única vía de acceso es la ER229. Desde Calheta hay 7,4 km de curvas, con un estrechamiento de 3,5 metros junto al túnel de la Lombada. Los autocares de Horários do Funchal hacen cuatro viajes diarios, pero muchos vecinos combinan el trayecto en el café Oceano, regentado por la familia Reis desde 1974.
Lo que permanece
A las 18:30, cuando el sol se oculta tras el Pico da Cruz, Jardim do Mar muestra lo que es: 73 hectáreas de tierra volcánica donde caben tres bares (Oceano, Modalina y Portinho), una ultramarinos (la de Tó Zé, abierta de 8 a 13 h) y el restaurante Porto de Abrigo, donde la percebe se sirve a 14 € el plato. El rumor de las olas persiste, invariable, como ha persistido desde que el primer habitante, Manuel Caetano, levantó su casa en la Rua da Achada en 1852.