Artículo completo sobre Santa Luzia: la cal y la sal que fundaron Funchal
Entre rieras y azulejos, el barrio donde el azúcar guardaba la pólvora
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Lo primero que se percibe es la luz atlántica. Golpea las fachadas de la Rua da Carreira y se deshoja en láminas de ocre, azul cobalto, verde musgo, rosa salmón. Las casas estrechas lucen balcones de hierro y marcos cuarteados por la sal. La sombra que proyectan mantiene la acera fresca incluso al mediodía.
La rieras que bautizó a una parroquia
Santa Luzia abarca 133,74 hectáreas y alberga 5 490 vecinos. El nombre viene de la capilla del siglo XVI y de la Ribeira de Santa Luzia, que marca su límite oeste. Canalizada bajo hormigón, solo se la oye en días de lluvia torrencial, cuando el Atlántico empuja nubes contra la montaña.
Piedra manuelina, murallas de pólvora
Reúne diecisiete monumentos catalogados. La Sé Catedral presume de techo mudéjar de cedro incrustado con marfil. El Convento de Santa Clara guarda azulejos hispano-árabes. El Palacio de São Lourenço es fortaleza y residencia oficial. La Fortaleza de Santiago protegió Funchal cuando el azúcar blanco atraía corsarios.
Color que se come, fruta que se huele
En el Mercado dos Lavradores: mango maduro, maracuyá abierto, piña madeirense. Bolo do caco recién hecho, brocheta en vara de laurel, bacalao con nata. El vino de Madeira nace aquí —geografía y producto fundidos en una sola palabra.
De la piedra urbana al bosque primigenio
Santa Luzia forma parte del Parque Natural de Madeira. La Ribeira de Santa Luzia da acceso al Parque Ecológico de Funchal. Teleférico hasta Monte y, luego, a pie hasta el Pico do Areeiro, a 1 800 m. Jardines del Tropical Monte Palace. Iglesia de Nuestra Señora do Monte, donde falleció Carlos I de Austria en 1922.
Calles que son escenario
Rua da Carreira: Funchal Jazz en verano, Feria del Libro, San Silvestre en Nochevieja. 1 457 residentes mayores de 65 años, 617 menores de 14. Memoria que sirve de cimiento.
Al caer la tarde, la luz rasante tiñe las fachadas de miel oscura. Huele a sal y a bolo do caco horneándose. Santa Luzia no necesita ser grande. Cada metro cuadrado alberga basalto volcánico, cal, pintura y cinco siglos de uso.